¿“Cuarto poder”?
El pueblo no puede gobernar en forma directa. Si
lo hiciese sería el caos, porque nadie podría entenderse con nadie respecto a lo
que es dable o no hacer desde el poder político. Por eso la sabia salida de que
el pueblo delegue a los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial el ejercicio
de la soberanía originaria. La independencia y coordinación de estos poderes
constituye la base del gobierno. Éste se equilibra así con un sistema de pesos y
contrapesos que en materia de facultades impide que un poder rebase a los demás,
equilibrio que es característica esencial de toda democracia que se precie de
tal.
Pero ocurre que ahora el MAS pretende acabar en Bolivia con tan saludable
trilogía. Así lo delata el propio Jefe del Estado, Evo Morales, al hacer suya
una propuesta de las cinco organizaciones de pueblos originarios de Bolivia para
que un “Cuarto Poder del Estado Social Pluricultural” virtualmente se sobreponga
al Ejecutivo, Legislativo y Judicial, ejerciendo sobre ellos tareas de “control
y fiscalización”.
Sí, sobreposición, porque como “Cuarto Poder” con rango de “Estado Social
Pluricultural”, se dedicaría a hacer todo cuanto actualmente, por mandato
constitucional, en materia de fiscalización, corresponde al Poder Legislativo.
¿Un “Cuarto Poder” tiroteando todos los días, inclusive desde la protesta social
callejera, con interpelaciones y censuras al Legislativo, al Ejecutivo o al
Poder Judicial por políticas, decisiones o acciones que a su criterio sean
erradas?
No lo dicen pero es obvio que quieren para tal “Cuarto Poder” una composición
mayoritariamente indígena. No en vano el origen de la autoría de la propuesta.
Sin duda que dirigentes de las organizaciones de ‘originarios’ del altiplano,
los valles y el oriente ni remotamente piensan compartir la fiscalización y
control de los poderes públicos con mestizos y criollos o “k’aras”. Ellos y
nadie más que ellos se consideran la fuente de la soberanía popular.
Nos encontramos así ante un nuevo y peligroso brote de etnocentrismo contra la
racionalidad y la prudencia en una Asamblea Constituyente obligada a trabajar
con visión integral de país y no de parcialidades que buscan que todos los
poderes públicos se les cuadren en forma sumisa. ¿Control y fiscalización? No,
poder total... tanto para ellos como para los que están en el gobierno. Y nada
más.
Felizmente, el MAS requerirá de los dos tercios de votos de la Asamblea
Constituyente para sancionar semejante reforma, algo que le será difícil
conseguir. El Gobierno de Evo Morales debe tener presente, además, que todo
cuanto resuelva la Asamblea no es de carácter definitorio. La decisión final
corresponderá al pueblo, en el referéndum previsto por la Ley de Convocatoria a
la Constituyente, a fin de que en las urnas, mediante voto mayoritario, libre y
democrático, confirme o rechace las reformas a la Constitución Política del
Estado. Y ese “Cuarto Poder” incitará al votante común más al no que al sí.
Lo poco espanta y lo mucho amansa
Marcelo Rivero
Empezaré recordando una sentencia que le calza a
cuanto viene aconteciendo desde hace años en el Parque Nacional Amboró: lo poco
espanta y lo mucho amansa. Allí continúan penetrando ‘los sin tierra’ y los
‘colonizadores’ del occidente del país, la mayoría de las veces empaquetados por
individuos que incluso fungen de autoridades, que ignoran o que no les importa
el inmenso daño que están ocasionando al medio ambiente, a Bolivia y al mundo.
Es que después de la declaratoria de ‘parque nacional’ en 1984 se frenó bastante
la incursión a esa área de reserva ecológica, como asimismo la desforestación de
que era objeto por cuenta de ‘piratas’ madereros, principalmente para extraer la
mara tan cotizada. Hasta los que se habían asentado con anterioridad,
comprendiendo que esas tierras no eran aptas para su laboreo, se convirtieron en
agentes turísticos que guiaban -y lo siguen haciendo- a los visitantes ansiosos
por conocer la fauna y la flora maravillosas, y en vigilantes que no permitían o
que denunciaban la presencia de intrusos con intenciones de chaquear, saquear la
madera, cazar animales y hacer leña. Así disminuyeron notoriamente las ilícitas
actividades en Amboró, que cuando se daban hacía que todos pongamos el grito en
el cielo, interviniendo las autoridades para frenar la depredación. ¡Pero si el
Ejército una vez envió soldados para poner allí las cosas en su lugar!, de tal
modo que esta depredación alcanzaba a una, a dos, a cinco hectáreas a lo sumo.
Lo poco nos espantaba, sin duda.
Ahora, o mejor dicho desde hace algunos meses, los mencionados ‘sin tierra’, e
igualmente los ‘colonizadores’, están en frenético desbosque y caza de animales
-para aprovecharse de ellos vivos o muertos- por el lado de las provincias
Florida y Caballero, habiéndose instalado hasta con perros y gatos tal cual se
ha visto en la prensa. Son decenas de individuos que a estas alturas ya deben
sumar centenas, tanto así que una información reciente señalaba que al menos 200
familias se han asentado en la zona y que han chaqueado como 600 hectáreas. O
sea que ‘los sin tierra’ y los ‘colonizadores’ están llegando al parque Amboró
con la parentela, causando una devastación que será total en pocos años. Una
tragedia para Bolivia y el mundo, como está expresado, pero así son las cosas,
lo mucho amansa.
Los lugareños de los valles cruceños, que son tan originarios, pobres y sin
tierra como el que más de los bolivianos, no tocan una planta, no matan un loro
en el parque Amboró, por el contrario cuidan éste como el tesoro de inestimable
valor que es. Empero, individuos sin Dios ni ley, peor que delincuentes, ¡con la
venia de autoridades!, lo destruyen sin piedad. ¿Y nosotros? Ahí estamos,
dándole validez a la sentencia citada.
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