“Quedan pocos sobrevivientes del ‘53. Si le digo diez, son demasiados. Cada
vez son menos”, dice Gróver Suyocán, profesor de historia y nieto de un ex
combatiente de Ucureña. Ciegos, con problemas para caminar y con las manos
vacías. Así se sienten aquellos hombres que lucharon por la Reforma Agraria
desde Ucureña.
La mayoría está al cuidado de sus hijos, pero hay otros, como Bonifacio C. que,
a sus 87 años, aún debe mojar sus manos con saliva para que el mango del azadón
no se las corte mientras ara la tierra.
La mayoría de los entrevistado llora cuando recuerda esos años, pero no llora de
emoción ni de nostalgia, sino de dolor. “Todo fue en vano. Nada valió la pena,
señor periodista”, repite Emilio, un hombre que supo seguir las órdenes de Ñuflo
Chávez Ortiz, el ministro de Agricultura de la Revolución Nacional.
La desgracia no le fue indiferente a la viuda de Jorge Soliz, el jefe ucureño
que lideró los ejércitos milicianos hasta Santa Cruz. Ahora, con el cabello
blanco, se ayuda de dos bastones para caminar y sueña aún con encontrar a los
asesinos de su marido.
Pero el más decepcionado es G. Delgadillo, un hombre que supo ser pionero del
sindicalismo, que anduvo por todo el valle creando sindicatos y que se siente
traicionado por los ‘intelectuales de la Revolución’ porque no recibió ni un
metro cuadrado de tierra por su lucha.
Escogían a los más jóvenes para Terebinto
Bonifacio C | 87 años
Ejércitos teníamos. Nos daban fusiles y hemos sabido ir cuando querían
levantarse los latifundistas, como Melchor Pinto. Yo no llegué a Terebinto
porque me enfermé en Montenegrina. Se escogían a los más jóvenes y más ágiles
para ir a Terebinto. La gente de Santa Cruz no pensaba en la Reforma Agraria.
Los campesinos no podían ni pronunciar MNR. Decían: ¡Viva el ‘gemenerre’, que
gane cualquiera!
A mi marido lo traicionaron y lo mataron
E. De Soliz | 90 años
Mi esposo, Jorge Soliz, hizo construir el monumento al 2 de Agosto. En mi
casa se reunían José Rojas Guevara, los hermanos Inturias y G. Delgadillo para
hacer sus planes. Antes de la Reforma Agraria sólo teníamos patrones, que
violaban, abusaban de las mujeres que iban a trabajar al campo y mi esposo ideó
cómo liberarnos. Pero al final lo traicionaron, lo mataron en el Km 4 a Sacaba.
Había ido a comprar calamina y cemento y lo mataron. Después de un año recién
agarraron a los sospechosos.
Nosotros odiábamos a los patrones
Emilio D. | 76 años
A este ucureña le tenían miedo. Nosotros odiábamos a los patrones. En
Aramasi y Corosani, en burro los hemos hecho montar y a patadas los hemos
botado. Por eso nos decían ucureños mata gente. El ministro, Ñuflo Chávez Ortiz
nos ordenaba: “Cuando vengan los gamonales sáquenles el pantalón y metanle
huasca”.
El libertinaje nos hizo mal
G. Delgadillo | 84 años
Anduve por todas partes, por los departamentos y provincias, liberando a la
gente que estaba oprimida. Ucureña siente que el libertinaje es lo que le hizo
mal.
Cuando nos liberamos, en vez de irnos hacia el trabajo del campo, nos hemos
dedicado al libertinaje durante años. El Consejo Nacional de Reforma Agraria ha
fracasado por los intelectuales. Había que esperar mucho tiempo por los
expedientes. Era todo un barullo.