Nada de soluciones riesgosas
Entre las soluciones al problema de las tomas de tierras a las reservas
forestales de Choré, parece alcanzar consenso una que con carácter previo merece
frío e idóneo análisis.
Nos referimos a la que plantea la necesidad de fundar un pueblo en el norte de
Santa Cruz, dentro de una jurisdicción próxima a Choré, para disponer así de un
núcleo urbano en el cual concentrar a los colonizadores que desde el altiplano
paceño, los valles y trópico de Cochabamba, invaden bosques reservados para la
explotación forestal del manejo sostenible o funciones de carácter
ecológico-ambiental de los cuales depende la normalidad del régimen pluvial, tan
indispensable para la agropecuaria.
Lo primero que sobre el tema en cuestión se debe tomar en cuenta es el hecho de
que para que sea más provechosa que perjudicial una concentración demográfica en
aquel lugar, por mínima que fuese, requiere de una permanente disponibilidad de
fuentes de trabajo. Mutún, en la zona oriental del departamento, en caso de
llegar a un feliz epílogo el proceso de adjudicación para la explotación e
industrialización del hierro, por ejemplo, se convertirá en paradigmático
indicativo al respecto. Seguro que progresivamente pasará de lo rural a lo
urbano. Las comunidades de sus alrededores terminarán congregándose en torno a
las plantas de la empresa adjudicataria Tal y no otro será el efecto de un Mutún
convertido en esponja de absorción de mano de obra desocupada.
Pero si se funda un pueblo sin garantizar a los pobladores fuentes ciertas de
trabajo, como se lo quiere hacer en la provincia Ichilo, se abren las puertas a
un peligro mucho mayor todavía que las tomas de tierras de las reservas
forestales. La delincuencia estalla en forma briosa cuando hay desempleo y los
ingresos escasean en cualquier medio urbano. El déficit ocupacional en algunas
ciudades del norte cruceño es bastante ilustrativo en tal sentido. En Yapacaní,
Montero y Warnes operan bandas organizadas que se dedican a atracar a
particulares, taxistas y mototaxistas. También cometen robos domiciliarios.
No equivalen a blindaje alguno contra tal posibilidad las contribuciones que se
hagan a favor del pueblo, en la forma en que plantean los autores de la
iniciativa fundacional. Por muy generosa que sea la ayuda de los industriales
madereros y por mucho que desde otras fuentes se acredite igual actitud, nada
podrá detener la natural propensión a la delincuencia en núcleos donde no hay
trabajo ni ingresos en la magnitud requerida.
Consideramos que la propuesta debe dirigirse a algo más estructural.
Sí, concentrar a los colonizadores en algún lugar, pero sobre bases económicas y
laborales más o menos ciertas. Esto último exige recursos que previamente se
deben conseguir porque el monto a invertir sería bastante alto.
En consecuencia, nada de soluciones de riesgo. Es lo más aconsejable.
Cotas y su banda ancha no muy ancha
Dominicus
La Cooperativa de Teléfonos de Santa Cruz (Cotas) hoy es líder en el país. No
hay cooperativa similar en Bolivia que se le acerque en términos de calidad y
cantidad de servicios. En el rubro calidad sí deseo hacer una crítica
constructiva, la que espero llegue a oídos de los responsables.
Internet se ha convertido en algo imprescindible. Ya sea para enviar, recibir o
bajar información, el acceso a la red en forma expedita ha pasado a ser un
requisito básico. En función de ello, Cotas ofrece varias opciones, desde el
simple “dial-up” (discado con modem) hasta su gama de “banda ancha”, tecnología
mucho más sólida que el discado, evita que la línea telefónica quede ocupada y
el acceso es permanente.
Todo lo anterior vale en teoría. A la hora de la verdad, el servicio de banda
ancha de Cotas tiene sus fallas. Cada “dos por tres” el servicio se interrumpe
por saturación o por algún problema interno que el simple usuario desconoce. Se
da además la ley de Murphy: las cosas salen mal justo cuando uno precisa que
salgan bien. Resultado: muchos mensajes electrónicos quedan sin ser mandados
puntualmente, información a distribuirse o a procurarse no está disponible ni se
puede despachar, etc.
Lo más antipático de estos abruptos cortes es que como mínimo demoran un día en
ser reparados y aunque el servicio esté suspendido, el tarifado continúa con su
ritmo implacable, lo que resulta verdaderamente desagradable. Si no hay
servicio, lo lógico es que no haya tarifado hasta que se restablezca la
normalidad. Pero no, parece que en Cotas nos creen “cotudos” y siguen cobrando.
No importa si la interrupción dura horas o días, usted igual debe poner la
platita. Y a todo esto, el tal servicio no es barato: la banda ancha comienza
con una tarifa mínima de 35 dólares mensuales y sube hasta 100 dólares o más en
función de la velocidad pactada. Nuevamente, esto es en teoría; de nada sirve la
velocidad si el servicio vive cortándose o llega a exasperantes lentitudes.
Cotas debe ser capaz de ofrecer esta tecnología en forma eficiente, como lo hace
con sus otros servicios. A los miembros de la cooperativa nos satisface que
expanda sus opciones pero si lo hace, que lo haga bien, no en forma mediocre,
como sucede con su banda ancha no muy ancha.