Domingo 23, julio de 2006
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Nada de soluciones riesgosas

Entre las soluciones al problema de las tomas de tierras a las reservas forestales de Choré, parece alcanzar consenso una que con carácter previo merece frío e idóneo análisis.
Nos referimos a la que plantea la necesidad de fundar un pueblo en el norte de Santa Cruz, dentro de una jurisdicción próxima a Choré, para disponer así de un núcleo urbano en el cual concentrar a los colonizadores que desde el altiplano paceño, los valles y trópico de Cochabamba, invaden bosques reservados para la explotación forestal del manejo sostenible o funciones de carácter ecológico-ambiental de los cuales depende la normalidad del régimen pluvial, tan indispensable para la agropecuaria.
Lo primero que sobre el tema en cuestión se debe tomar en cuenta es el hecho de que para que sea más provechosa que perjudicial una concentración demográfica en aquel lugar, por mínima que fuese, requiere de una permanente disponibilidad de fuentes de trabajo. Mutún, en la zona oriental del departamento, en caso de llegar a un feliz epílogo el proceso de adjudicación para la explotación e industrialización del hierro, por ejemplo, se convertirá en paradigmático indicativo al respecto. Seguro que progresivamente pasará de lo rural a lo urbano. Las comunidades de sus alrededores terminarán congregándose en torno a las plantas de la empresa adjudicataria Tal y no otro será el efecto de un Mutún convertido en esponja de absorción de mano de obra desocupada.
Pero si se funda un pueblo sin garantizar a los pobladores fuentes ciertas de trabajo, como se lo quiere hacer en la provincia Ichilo, se abren las puertas a un peligro mucho mayor todavía que las tomas de tierras de las reservas forestales. La delincuencia estalla en forma briosa cuando hay desempleo y los ingresos escasean en cualquier medio urbano. El déficit ocupacional en algunas ciudades del norte cruceño es bastante ilustrativo en tal sentido. En Yapacaní, Montero y Warnes operan bandas organizadas que se dedican a atracar a particulares, taxistas y mototaxistas. También cometen robos domiciliarios.
No equivalen a blindaje alguno contra tal posibilidad las contribuciones que se hagan a favor del pueblo, en la forma en que plantean los autores de la iniciativa fundacional. Por muy generosa que sea la ayuda de los industriales madereros y por mucho que desde otras fuentes se acredite igual actitud, nada podrá detener la natural propensión a la delincuencia en núcleos donde no hay trabajo ni ingresos en la magnitud requerida.
Consideramos que la propuesta debe dirigirse a algo más estructural.
Sí, concentrar a los colonizadores en algún lugar, pero sobre bases económicas y laborales más o menos ciertas. Esto último exige recursos que previamente se deben conseguir porque el monto a invertir sería bastante alto.
En consecuencia, nada de soluciones de riesgo. Es lo más aconsejable.


Cotas y su banda ancha no muy ancha
Dominicus

La Cooperativa de Teléfonos de Santa Cruz (Cotas) hoy es líder en el país. No hay cooperativa similar en Bolivia que se le acerque en términos de calidad y cantidad de servicios. En el rubro calidad sí deseo hacer una crítica constructiva, la que espero llegue a oídos de los responsables.
Internet se ha convertido en algo imprescindible. Ya sea para enviar, recibir o bajar información, el acceso a la red en forma expedita ha pasado a ser un requisito básico. En función de ello, Cotas ofrece varias opciones, desde el simple “dial-up” (discado con modem) hasta su gama de “banda ancha”, tecnología mucho más sólida que el discado, evita que la línea telefónica quede ocupada y el acceso es permanente.
Todo lo anterior vale en teoría. A la hora de la verdad, el servicio de banda ancha de Cotas tiene sus fallas. Cada “dos por tres” el servicio se interrumpe por saturación o por algún problema interno que el simple usuario desconoce. Se da además la ley de Murphy: las cosas salen mal justo cuando uno precisa que salgan bien. Resultado: muchos mensajes electrónicos quedan sin ser mandados puntualmente, información a distribuirse o a procurarse no está disponible ni se puede despachar, etc.
Lo más antipático de estos abruptos cortes es que como mínimo demoran un día en ser reparados y aunque el servicio esté suspendido, el tarifado continúa con su ritmo implacable, lo que resulta verdaderamente desagradable. Si no hay servicio, lo lógico es que no haya tarifado hasta que se restablezca la normalidad. Pero no, parece que en Cotas nos creen “cotudos” y siguen cobrando. No importa si la interrupción dura horas o días, usted igual debe poner la platita. Y a todo esto, el tal servicio no es barato: la banda ancha comienza con una tarifa mínima de 35 dólares mensuales y sube hasta 100 dólares o más en función de la velocidad pactada. Nuevamente, esto es en teoría; de nada sirve la velocidad si el servicio vive cortándose o llega a exasperantes lentitudes.
Cotas debe ser capaz de ofrecer esta tecnología en forma eficiente, como lo hace con sus otros servicios. A los miembros de la cooperativa nos satisface que expanda sus opciones pero si lo hace, que lo haga bien, no en forma mediocre, como sucede con su banda ancha no muy ancha.