Martes 18, julio de 2006
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¿Hacia una devaluación de nuestra diplomacia?

No pueden menos que causar preocupación las recientes aplicaciones de la política gubernamental de austeridad en el Servicio Exterior boliviano.
Los sueldos de los embajadores, según la respectiva y escueta información gubernamental, fueron reducidos a un mínimo de 4.600 dólares mensuales. Esta suma estará sujeta a variaciones acordes con los índices continentales de vida establecidos por las Naciones Unidas. Es decir, en países de alto desarrollo y caros, como EE.UU., Japón, España, Francia, Inglaterra, etc, nuestros representantes diplomáticos ganarán más, y menos en países pobres y más baratos, como Paraguay, Ecuador, Perú, etc.
A lo que vamos es a preguntarnos sobre la incidencia de tales medidas en la idoneidad y eficacia que todos queremos para los embajadores del país en el exterior. Conste que inclusive con los anteriores niveles salariales, muchos de nuestros diplomáticos confrontaban serios problemas para desempeñarse como tales con el decoro debido.
El sueldo no les alcanzaba ni remotamente para gastar todo lo que era necesario a fin de garantizarle al país resultados a tal nivel. Frecuentemente se daba el caso de que no pocos representantes diplomáticos de Bolivia tuvieran que cerrar con recursos de su propio peculio, la brecha entre sus ingresos mensuales y los gastos inherentes al desempeño de sus funciones.
La situación obligaba a otros embajadores a una vida austera y casi desconectada de la actividad diplomática local, en una suerte de aislamiento que perjudicaba al país. Lo peor era que muchos con méritos y conocimientos suficientes para servir bien a Bolivia en el exterior, declinaban invitaciones y hasta designaciones por no tener recursos propios o porque los del Estado eran insuficientes para una buena gestión diplomática.
La citada rebaja de sueldos puede conducirnos a una pérdida progresiva de la calidad del servicio diplomático boliviano, que actualmente no es precisamente de cinco estrellas, pero que garantiza eficiencia mínima apuntalada por una carrera diplomática instituida hace bastante tiempo.
Consideramos no aconsejable tal medida. Una opción más racional sería ir a una reducción mucho más drástica aún del número de Embajadas. En vez de las 33 misiones diplomáticas y 36 consulados rentados que actualmente mantenemos a costa de un gasto ciertamente millonario en dólares, nos bastan y sobran 15 y 20, respectivamente.
Las primeras, repartidas en epicentros geopolíticos mundiales, ubicados en América, Europa y Asia. Que cada acreditación sea a nivel de concurrencia con otros países. Consideramos que así se lograría un ahorro mayor al que obtendrá el gobierno con una rebaja salarial de efecto peligroso. Sí, peligroso, porque de una relativa “meritocracia”, podría pasar nuestra diplomacia a una “mediocracia” total.


Un desagravio a nuestro querido diario EL DEBER

Marcelo Rivero

Fueron terribles los términos en que se pronunció en pasados días el alcalde Fernández con respecto a EL DEBER, profiriendo ofensas y descalificando a sus periodistas y ejecutivos, amenazando a unos y otros, poniendo en duda la imparcialidad de este medio de prensa, sosteniendo que menosprecia el trabajo de la comuna. Admitió que odia EL DEBER y que lo hará bolsa, a cuyos miembros calificó de falsos, que no desea que éstos le saquen ni una foto al ayuntamiento, que el diario mayor se cree todopoderoso, que no lo respetan sino que le tienen miedo. En fin, incluyó en sus groserías al padre Castellanos y le dijo al también decano de la prensa cruceña que más bien se ocupe de sus errores ortográficos.
El locuaz y colérico alcalde posiblemente no sabe que EL DEBER para llegar a ser lo que es -uno de los principales periódicos de Sudamérica, con infraestructura y tecnología como sólo la tienen los grandes rotativos del mundo-, no lo ha hecho con los mil pecados que enumeró sino batallando a todo pulmón las 24 horas del día durante más de 50 años, acaparando poco a poco la preferencia general sólo con los elementos que van ligados íntimamente a la prensa seria: imparcialidad, información veraz, responsable y puntual, en cuyo cometido sus periodistas están en todos los lugares urbanos y rurales y sus enviados especiales recorren diversos puntos del país y del exterior sin medir gastos, apertura a las más diversas opiniones, defensa intransigente de la democracia y de los intereses regionales y nacionales, apoyo efectivo e incondicional a las cruzadas de beneficio colectivo, promoción e incentivo -en coordinación con instituciones, organismos y empresas-, de actividades para mejorar los conocimientos de la ciudadanía, estímulo a las artes y las ciencias... Cuánto más se podría añadir a esta lista de objetivos que se ha planteado y cumplido EL DEBER en sus 50 y pico años de vida. De otro modo, insisto, no tendría la aceptación casi unánime de que goza.
Claro que se pueden deslizar fallas y errores ortográficos porque, como en toda actividad, en esta Bolivia subdesarrollada los humanos somos más imperfectos que en otras partes. Por eso el abogado le pela más seguido en el pleito judicial, el médico en un diagnóstico, el ingeniero en un puente, el funcionario en el manejo de la cosa pública. Pero a diario EL DEBER va superando sus falencias, crea, innova, investiga, propicia cursos... La meta es mejorar, servir al terruño y al país, a despecho de los gratuitos odiadores.
Sirva esta nota de desagravio al querido diario EL DEBER, del que estoy persuadido que pasará por encima, como ya antes aconteció, de la maledicencia y la perversidad.