En 1611, el erudito Sebastián de Covarrubias publicó su "Tesoro de
la Lengua Castellana o Española", considerado el primer diccionario del
español. Ahora, la Universidad de Navarra rescata aquella obra, "verdadera
enciclopedia" del Siglo de Oro, y la acompaña de un vídeo-disco para
facilitar su consulta.
La edición, dirigida por el catedrático Ignacio Arellano, director del
Departamento de Literatura Hispánica de la citada universidad, y por Rafael
Zafra, miembro del Grupo de Investigación del Siglo de Oro (GRISO), ofrece
por primera vez una versión íntegra de todos los materiales que preparó
Covarrubias, tanto del libro publicado a principios del XVII como del
suplemento manuscrito, custodiado en la Biblioteca Nacional.
Capellán de Felipe II, canónigo de la catedral de Cuenca, políglota y
viajero incansable, Covarrubias quería explicar en su obra el origen y
significado de las palabras, pero, como afirma Ignacio Arellano en una
entrevista con Efe, en aquella época "creían que el origen de las palabras
revelaba el sentido de la propia cosa nombrada, y por eso no se trata de un
diccionario como los modernos, sino de un verdadero 'tesoro' que incluye
vocablos, ideas y relaciones entre los objetos que componen el mundo".
"Es una mina de información sobre la época, el lenguaje y la vida del
Siglo de Oro", asegura Arellano, que durante siete años ha dirigido un
equipo de más de veinte personas, "aunque con etapas de diversa intensidad",
para preparar la cuidada edición del "Tesoro de la Lengua Castellana o
Española" que ahora comercializa la Editorial Iberoamericana al precio de
120 euros.
Al emprender la titánica tarea de recoger en su "Tesoro" la diversidad de
la lengua española, Covarrubias quería dar a su nación una obra de la que ya
disponían otros países europeos desde medio siglo antes, en especial Italia,
y quería también "hacer una verdadera enciclopedia".
"El 'Tesoro' es un compendio de innumerables materiales que se puede leer
y no solo consultar. Está lleno de observaciones curiosas, historias y
anécdotas, biografías de personajes, descripciones de plantas y animales,
refranes e incluso de comentarios personales", que reflejan la forma de
pensar del autor, señala Arellano.
Como cuenta Dominique Reyre en uno de los prólogos de esta obra,
Covarrubias comenzó su colosal diccionario en 1605 y tardó unos cinco años
en terminarlo, "redactando, según el cálculo de algunos críticos modernos,
un promedio de seis entradas al día, o sea, doscientas páginas al año".
¿Cómo pudo culminar un proyecto tan ambicioso una persona sola? En el
perfil biográfico de Covarrubias que traza Reyre está parte de la respuesta:
el autor del Tesoro fue "hombre de gran cultura, humanista políglota,
licenciado en Teología por la Universidad de Salamanca después de doce años
de estudios" y poseedor de una de las bibliotecas más importantes de su
tiempo.
Con ese bagaje intelectual, Covarrubias decidió ocupar el tiempo libre
que le dejaba su cargo de canónigo en redactar el Tesoro, pero desde el
principio tuvo claro que no iba a poder decirlo todo en su diccionario y, en
paralelo, empezó a preparar el suplemento, para el que reservó informaciones
que anotaba en fichas sueltas y que pensaba utilizar en una segunda edición
del Tesoro.
"Como no pudo hacerla él, la hemos hecho nosotros, integrando las voces
del suplemento (del que sólo se conserva hasta la letra "M") en los lugares
correspondientes y fabricando así un 'Tesoro' que por primera vez desde el
Siglo de Oro se puede manejar completo", afirma el director de la edición,
en la que también han colaborado la Real Academia Española y el Centro para
la Edición de Clásicos Españoles.
Covarrubias era muy aficionado a los emblemas o grabados simbólicos y
publicó incluso un libro de "Emblemas morales". El equipo de Arellano y
Zafra ha tratado de reflejar la riqueza de la cultura visual del barroco y
ha añadido al texto casi 1.400 ilustraciones, en las que se reproducen
muchos de los grabados a los que alude el erudito y otros elementos como
plantas o portadas de libros.
Para facilitar la consulta, el "Tesoro de la Lengua Castellana o
Española" va acompañado de un vídeo-disco con la versión electrónica y los
facsímiles de la edición original de 1611 y del manuscrito del Suplemento,
que está en la Biblioteca Nacional de Madrid.
Esta edición electrónica resulta muy útil para el lector moderno porque
"la técnica de redactar de Covarrubias provoca el que muchas cosas
interesantes se digan en entradas inesperadas: por ejemplo, noticias sobre
mujeres barbudas y otros fenómenos de la época se le ocurre escribirlas al
definir 'barba', o noticias sobre los circos antiguos puede darlas al
comentar en la voz 'elefante' el caso de un famoso elefante que caminaba
sobre una maroma", añade Arellano.
EFE