El ministro boliviano del Agua, Abel Mamani, se reunió el jueves
en París con responsables del gobierno y directivos de la empresa Suez para
intentar encontrar una solución negociada que ponga fin "cuanto antes" a la
presencia del grupo francés en el país.
Según Mamani y su consejero, Juan
Carlos Alurralde, el deseo es llegar a un "entendimiento" y evitar recurrir
a un tribunal internacional. "La cuestión ya no es si Suez se va de Bolivia
o no, sino cuándo y cómo", afirmaron los responsables latinoamericanos.
Con este fin, Suez, presente en Bolivia desde 1997 vía su filial Aguas del
Illimani, ha hecho llegar en estos días una propuesta al gobierno de La Paz.
"Es una oferta insuficiente que está lejos de las posibilidades del gobierno
boliviano. Creemos que queda mucho camino por recorrer y pedimos a Suez que
no sea tan pretencioso y flexibilice su posición, algo que confiamos en que
ocurra", declaró Alurralde en un encuentro con la prensa en París.
Según
un acuerdo bilateral de inversiones (BIT, según sus siglas en inglés)
firmado entre Francia y Bolivia, si los dos Estados no consiguen resolver un
diferendo deben acudir a un tribunal especial para este tipo de
controversias, el CIADI, que se encuentra en Washington, una posibilidad que
ambos desean evitar porque "las dos partes serían perdedoras en dinero y en
tiempo".
"Al menos esa es la impresión que nos han dado el gobierno y los
directivos de Suez", explicó Mamani, que presentó a las autoridades de la
Cancillería y ministerio de Cooperación de París y a la empresa francesa una
extensa auditoría sobre la gestión de Suez en La Paz y en la vecina ciudad
de El Alto, que pone de manifiesto numerosas irregularidades.
El ministro,
que fue líder de la poderosa Federación de Juntas Vecinales de El Alto y se
alzó en enero de 2005 contraayó que el gobierno boliviano quiso comunicar
personalmente a Francia los resultados de esta auditoría para que la
información no fuera manipulada.
"No queremos que ocurra como en la
nacionalización de hidrocarburos, que fue tergiversada por la prensa en
Europa. Nuestra obligación era venir personalmente y subrayar que estamos
intentando dialogar y buscar un consenso", explicó.
El martes, los
resultados de la auditoría, realizada por la firma Pozo y Asociados durante
varios meses, serán presentados al Parlamento, y el miércoles se celebrará
en La Paz una reunión de una comisión gubernamental con responsables de
Suez.
"Esperamos resolver el problema lo antes posible. Queremos que esta
cuestión quede zanjada de una vez por todas porque tenemos otras muchas
cuestiones que resolver", reiteró Mamani, cuyo deseo es hacer del agua un
recurso protegido que sea tratado "por una empresa pública que baje las
tarifas y extienda el suministro".
Según el responsable, 2,5 millones de
bolivianos no tienen actualmente acceso al agua potable y el gobierno de La
Paz "está presionado" para buscar una solución por la población, por la
prensa y por quienes desean "usar la cuestión del agua para fines
políticos".
Un resumen de las 12.500 páginas de esta auditoría muestra que
la filial de Suez debía instalar 71.752 conexiones nuevas de agua potable en
El Alto entre 1997 y 2001 y sólo instaló 52.764.
Además, no ejecutó 2.530
conexiones de alcantarillado previstas en el contrato, provocó un riesgo de
contaminación grave debido a los vertidos en el lago Titicaca, obligó al
Estado boliviano a pagar por el uso del nombre Suez más de 1 millón de
dólares al año pese a no estar estipulado en el contrato, e indexó las
tarifas al dólar de "forma ilegal".
"En este proceso no hay ideologías
políticas mezcladas. El presidente Evo Morales intenta únicamente terminar
un proceso que ya estaba en curso", aseguró el ministro.
Según Mamani, el
conflicto con Suez se trata con mucha cautela porque no se quiere atentar
contra las relaciones bilaterales "estupendas" y la "amistad histórica"
entre los dos países.
El ministro explicó que por ahora no se está
hablando de indemnizaciones que Aguas de Illimani debería entregar sino del
pago de los créditos que Suez "debe asumir" y que fueron contraídos con
organizaciones multilaterales como el Banco Mundial (BM) o el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), por un "valor de 16 millones de
dólares".
AFP