Lunes 26, junio de 2006
STAFF CONTACTARSE
Portada
Santa Cruz
Seguridad
Nacional
Internacional
Economía
Deportes
Sociales
Escenas
Ediciones Anteriores
Editorial
Opinión
Lectores
Club de Lectores
Clima

 

 

 

 

 
SECCIÓN
 Editorial

Más templanza y control en el discurso presidencial

Muy pronto empezarán en Washington las negociaciones de una delegación boliviana que presidirá el vicepresidente de la República, Álvaro García Linera, para la prolongación por un tiempo adicional de las preferencias arancelarias acordadas por la potencia del norte a exportaciones bolivianas que anualmente suman más de 400 millones de dólares. Sobre el particular, debe constar que diversos sectores de producción, particularmente la industria textilera y artesanal de la populosa urbe de El Alto, hacen votos por un epílogo satisfactorio de tales gestiones que han seguido un escabroso camino. Es totalmente explicable y justificada la expectativa, pues de esas exportaciones dependen miles de fuentes de trabajo y la suerte de centenares de pequeñas y medianas empresas.
Era de rigor que en un momento así se produjera una inflexión en el tono marcadamente antiestadounidense del Gobierno de Evo Morales. Se va a negociar a otro país no con ataques ni ofensas a la contraparte, sino con temperancia, signadas por la educación y las reglas que el protocolo impone en estos casos. Al cabo, en la relación bilateral, con respecto a asuntos de mercado, los gobiernos no deben dejarse llevar por empatías o antipatías ideológicas y políticas. Deben atenerse únicamente a sus respectivos intereses nacionales. A menos, naturalmente, que una total falta de prudencia y lucidez los lleve a hacer lo contrario.
Cuando el segundo mandatario del país empezaba a hacer maletas y a formular declaraciones en una línea que más bien tranquilizaba a Washington, el presidente, Evo Morales, volvió a la carga contra Estados Unidos, en el peor estilo. Frente a masistas congregados en una aldea rural, dio vítores a la coca y mueras a los estadounidenses. Lo hizo en quechua, empleando términos que asumen particular connotación belicista en este idioma nativo, como “¡wañunchum americanos” (“mueran los americanos!”)
Pero no conforme con lo anterior, acusó a Washington de enviar a Bolivia militares estadounidenses que ingresan en el país haciéndose pasar como estudiantes y turistas. No lo dijo, pero en esta sindicación se halla implícita la sugerencia de que semejante operativo puede estar asociado a una conspiración para derrocarlo.
Es muy probable entonces que el vicepresidente se verá en figurillas en Washington al intentar dar explicaciones que despejen de obstáculos la negociación. Esta no será muy simple, pues si bien en la potencia del norte pueden exculpar al presidente, Evo Morales, por ataques a los cuales ya están poco menos que habituados, queda pendiente la cuestión crucial de la firma del Tratado de Libre Comercio y las últimas medidas respecto al mercado de la coca, contrarias a los convenios vigentes a escala bilateral.
Una vez más (y van...) debemos suplicar al Presidente de la República más templanza y control en el discurso. Más le perjudica que ayuda , tanto a escala nacional como internacional, la incontinencia verbal que le caracteriza y contra la cual, aparentemente, no surte efecto asesoramiento alguno por parte de sus colaboradores ni de su entorno íntimo.


De patrocinadores y benefactores

De una u otra manera, en una u otra medida, los efectos de la crisis económica, que es de carácter universal, los sentimos todos o, para no incurrir en exageraciones, casi todos. Y precisamente porque la crisis no hace distinciones, y peor todavía, porque amenaza agudizarse en los próximos tiempos, todos observan una actitud prudente, mesurada, previsora en el manejo de sus recursos económicos.
Han quedado muy atrás las épocas del auge. Sin excepción, casi, hoy en día se vive lo que se dice al centavo. La gente se ha impuesto de muchas privaciones. Los presupuestos familiares, en esta época dura y difícil, sólo contemplan gastos de subsistencia.
A pesar de una realidad tan palpable y tan cruda, no faltan las personas, los grupos de personas, las asociaciones que siguen comportándose como si continuásemos viviendo en ‘Jauja’. Programan, organizan y llevan adelante certámenes, fiestas, ceremonias, concursos, desfiles y celebraciones con uno u otro motivo y también sin motivo alguno. La ‘rumbosidad’, el despilfarro en el comer, en el beber y en el bailar contrastan gravemente con la situación real de crisis en que estamos inmersos, sólo Dios sabe hasta cuándo.
Pero, ¿cómo es que puede costearse tan insólito e innecesario despilfarro? Pues nada de inaccesible se ha vuelto el camino para los amantes del derroche, del relumbrón, de los oropeles. Todo se reduce a ubicar unos ‘mansos’ de los que quedan pocos en nuestra viña, y empocharles rótulos de benefactores o de patrocinadores.
Sirviéndose de pergaminos, que de pergaminos no tienen nada, o de cartas o de esquelas que empiezan con la fórmula sacramental de “en reconocimiento de sus cualidades o virtudes”, los cofrades de la banalidad les caen a los desprevenidos con el sablazo mortal de rigor. Benefactor, patrocinador o padrino son los títulos que arrogan con desparpajo, adelantándose a expresar agradecimiento ‘por honrarnos con su aceptación’.
Y el benefactor, el patrocinador, el padrino, sin vueltas que darle, tiene que aflojar un buen fajo de billetes de banco o hacerse cargo del pago de la orquesta o de la banda o de ambas cosas; o del cotillón, o de la comida, o de la bebida, o de la torta y hasta de la más insignificante zarandaja. Fiestas de graduación, de quinceañeros y tantas otras que la fértil imaginación concibe, las hay, cinco, diez, veinte cada día o cada noche y a cuales más copetudas. Y las seguirá habiendo en tanto se encuentren ‘mansos’ que no se resistan a esa calidad tan pesada de benefactores, de promotores, de patrocinadores o títulos equivalentes.
Cuánta desconsideración, cuánto contrasentido, tomando en cuenta la grave crisis económica que, de una u otra forma, a todos nos afecta.