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El Gobierno ignora la delincuencia
Los atracos y robos perpetrados en empresas, comercios, entidades financieras
y domicilios, a conductores de vehículos, los hechos violentos por causas
diversas -pleitos, borracheras, despojo de pertenencias, colisión de
motorizados, enconos y rivalidades-, que muchas veces se han saldado de manera
trágica, ha sido una constante en los últimos días en Santa Cruz de la Sierra,
característica que se repite desde hace tanto tiempo.
El asunto ha motivado la reactivación del Consejo de Seguridad Ciudadana,
integrado por la Prefectura, la Policía, la Alcaldía, la Fiscalía, la Octava
División del Ejército y otras instituciones, que se ha reunido para acordar una
lucha conjunta contra el crimen. Ni más ni menos que en anteriores
oportunidades, cuando los delincuentes surgieron como hongos y se dedicaron a
robar, asaltar, timar, violar, golpear y matar, empleando en ello las más
variadas formas de virulencia, las artimañas y, por supuesto, armas de fuego,
elementos cortantes y objetos contundentes. Quizá la única diferencia es que
ahora la primera autoridad departamental aseguró que en breve la Prefectura
proporcionará equipos a la Policía por valor de 400 mil dólares.
Al igual que los 18 cacharros (producto de incautaciones al narcotráfico y por
tanto en litigio mientras los jueces no dicten sentencia), entregados por la
ministra de Gobierno a la Policía, de los cuales siete llegaron a empujones a la
plaza 24 de Septiembre para el show respectivo y el saldo quedó en los talleres
para ser reparados por cuenta de la Prefectura, los equipos por 400 mil dólares
no pasarán de ser un paliativo para este cáncer que avanza incontenible y que se
llama delincuencia. Es más, como está visto, el cambio de nombre del organismo
policial encargado de combatir esa delincuencia, ni siquiera está sirviendo de
analgésico.
Es que la Policía, al menos en Santa Cruz de la Sierra, hace rato que precisa de
una cirugía mayor a fin de cumplir con eficacia su rol de precautelar la
seguridad ciudadana. Para empezar, según cifras aproximadas, sólo hay tres mil
gendarmes de los cuales hay que enviar a las provincias unos centenares, por lo
cual esta capital apenas dispone de unos 2.000 a 2.500 uniformados. Los
motorizados para los patrullajes, como los cacharros que 'entregó' la ministra,
están en malas condiciones y con frecuencia no circulan porque tampoco hay plata
para el combustible. ¿Qué decir de la infraestructura y de los equipos? Que está
en pañales la Policía en esta ciudad, y ni se diga en las provincias, lo cual se
puede ver en las oficinas y en los métodos casi rústicos que emplea en sus
investigaciones. De armas, un dato es revelador: los agentes deben pagar por los
revólveres que usan y únicamente en los grandes acontecimientos se los observa
con armamento más o menos moderno.
Aquí corresponde hacer notar las abismales diferencias con el departamento de La
Paz, donde -siempre conforme a datos aproximados-, la Policía cuenta con 12.000
efectivos, 8.000 de ellos en la capital, y donde hasta los oficiales de alta
graduación están realizando y dirigiendo las tareas de control, vigilancia e
investigación. Ni hablar de infraestructura y equipamiento, incluso hay al
servicio de la entidad del orden una clínica médica. Cierto que es la sede del
Gobierno, pero cierto también que la ciudad más poblada y de mayor movimiento
comercial del país, Santa Cruz de la Sierra, debe contar con similar resguardo
policial.
Entonces, si el Gobierno continúa ignorando -como acontece en tantos otros
aspectos-, su obligación de dar seguridad ciudadana a la capital económica de
Bolivia dotando a la Policía Nacional de los elementos que precisa, seguirá
campeándose la delincuencia en todas sus formas y con métodos refinados, a la
par de brutales. Así se reúna mil veces el consejo de seguridad.
Los ilustres ausentes
Tertuliador ®® Desde el Mojón de la esquina
Extrañábamos, el otro día nomás, aunque muy de repelón, al jausi.
Es decir, la iguana de los pico futre.
O a lo mejor un pariente muy cercano de ésta.
Bueno, la cuestión es que jausis ya no se ven ni en calcomanías.
Y pensar que hasta hace muy poco tiempo aparecían jausis hasta en los patios de
nuestras viejas taperas
¿Adónde fueron a parar?
Tal vez sea precisa una sesión de espiritismo para saberlo.
El cutuchi es otro ilustre ausente.
Un reptil muy parecido a la víbora.
En las únicas partes donde no había cutuchis era en las casas de los oculistas.
Nada tenían que hacer en estas casas.
Quién no sabía que los cutuchis o eran ciegos de nacimiento o no tenían ojos.
Pero eso sí, aparecían en cualquier otra parte,
Y su aparición era señal de que iba a llover.
Las amas de casa veían un cutuchi y sacaban tinajas, cántaros y baldes para
ponerlos en las goteras.
Así se aseguraban de una buena provisión de agua de lluvia.
El agua de lluvia poseía cualidades excepcionales.
Era la mejor para beber.
Además le hacía mucho bien al cabello.
Lo mantenía sedoso y dócil para ser encrespado con la ayuda del jugo (ahora se
le llama zumo) de la naranja agria.
En los tiempos actuales, el agua de lluvia es un problema.
Inunda barrios y los vecinos se tiran de los pelos pidiendo a Dios que se deje
de jeringar la paciencia.
Como el agua de lluvia crea más problemas que beneficios, ya no hay aljibes.
Queda para muestra, para alimentar nostalgias, el de la Manzana Uno.
Pero no junta agua.
Es una tenue pincelada que está con ganas de borrarse.
No inspira a nadie.
Ni a los malos autores de las letras de nuestra linda música folclórica.
Cualquier rato, a ese aljibe le van a extender su certificado de óbito, con más
el anuncio de un novenario de misas por el descanso de su alma paciente y buena.
Ilustre desaparecido es asimismo el cienpiés.
Se dice que ya no puede vivir en este mundo en que todo se hace a la carrera.
Pierde mucho tiempo.
No termina nunca de amarrarse sus cien zapatos.
A la hora nona venimos a darnos cuenta de que este planeta está mal hecho al
igual que muchas de sus criaturas.
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