En una pequeña habitación en la que tiene improvisado un escritorio y una
camilla, funciona el consultorio de Fernando Quiroga Ipabari (38 años), un
técnico ortopedista que fabrica prótesis a bajo costo, para personas con
impedimentos físicos.
A escasos cuatro metros hay otro ambiente donde ha instalado su taller. Sus
manos son la de un artista: moldea delicadamente cada una de las piezas que
reemplazará algún miembro del cuerpo de la persona que por diversas
circunstancias sufrió una pérdida y que gracias a su trabajo, puede ser
reemplazada. Fabrica prótesis de pierna, corsés, fajas lumbares, collarines
cervicales, plantillas para pies planos, botas y zapatos ortopédicos.
Antes de iniciar un trabajo moldea delicadamente la pieza con yeso a la medida
del paciente. Después, prepara el líquido del acrílico y la mezcla con la fibra
de vidrio y mallas especiales.
La parte más complicada de diseñar, según dice, es la que une con el cuerpo.
Debe adecuarla hasta que ofrezca comodidad a las personas y también hacer varios
ajustes hasta que el paciente se adapte a su nuevo miembro, con el que deberá
reemplazar una parte de su cuerpo y convivir toda una vida.
Asegura que para él no hay tarea difícil cuando se trata de fabricar las
prótesis. “Si uno ama su trabajo no mide dificultades; por eso, cuando estoy
haciendo una pieza ni siquiera mido tiempo, hasta sacrifico mi almuerzo”,
expresó.
Destacó el oficio que realiza porque requiere una entrega total al paciente. “Se
hace un trabajo conjunto con él; debe participar varias veces para medir cada
centímetro”.
Su lugar de trabajo está ubicado en la sede de la Asociación Cruceña Integral
para Personas con Discapacidad, en la calle 46 de la avenida Mutualista. A las
personas con discapacidad les hace trabajos a costos que están por debajo de los
que se cotizan en el mercado. No quiso detallar montos, pero hizo algunas
comparaciones. Por ejemplo, por las prótesis bajo la rodilla cobra entre $us 400
y 500, mientras que otros profesionales cobran $us 900. Las de encima de la
rodilla cuestan $us 1.200, mientras que otros facturan entre $us 1.800 y 2000.
Su pasión por ayudar a las personas con discapacidad nació en su ciudad natal
(Reyes, Beni) hace 28 años cuando tuvo un accidente y se fracturó las piernas,
por lo que tuvo que trasladarse a La Paz, cuando apenas estaba en cuarto de
primaria.
Mientras estuvo enfermo no perdió clases, pues sus maestros le enseñaban en su
domicilio. Luego, se rehabilitó, pero su pierna izquierda quedó unos ocho
centímetros más corta que la derecha, situación por la que hoy en día usa
zapatos correctores que él mismo se fabrica. A los 16 años se trasladó a Santa
Cruz, donde sacó el bachillerato en el CEMA 24 de Septiembre.
Durante su estadía en La Paz conoció a un sacerdote español que creó una escuela
de Ortopedia; eso lo llevó a retornar a la sede de Gobierno para aprender el
oficio. “Ahí estudié durante tres años las técnicas para fabricar las prótesis”,
relató.
Al culminar sus estudios de técnico superior, retornó a Santa Cruz para
trabajar. Participó como miembro de la Sociedad de Traumatólogos durante 10
años.
En 1992, el Gobierno ofertó unas becas para que personas de escasos recursos
aprenderán algún oficio. Con esta colaboración estatal estudió Comunicación
Social en el instituto Univisión. Posteriormente, trabajó en la radio El Sol,
durante un año. Sin embargo, decidió volver a su vocación y acudió a la
Asociación Cruceña Integral para Personas con Discapacidad a fin de instalar su
consultorio.
Trabaja a tiempo completo cuando tiene que entregar alguna pieza, porque le
lleva entre 20 y 30 días terminarla, considerando que debe acompañar al paciente
en su recuperación y esperar que baje la inflamación. “Hay que tratarlo hasta
que baje la hinchazón para que la prótesis quede firme. A veces hay que hacer
varios ajustes”, sostuvo.
Fernando tiene contactos con empresas aseguradoras y galenos, que le transfieren
clientes. Este oficio le permite mantener a sus tres hijos: Mairena(12), Luis
Enrique (9) y Gersón Darío (6), y a su esposa, Bety Cayo Lazo (33). Vive por el
barrio la Colorada en un departamento que tiene en anticrético .
Un maestro guía para impedidos
Sin mucho que pensar, Fernando Quiroga asumió el reto de convertirse en maestro
guía en el plan piloto de alfabetización que empezó el 1 de marzo pasado y que
estima concluir a fin de este mes.
Pasó los cursos de capacitación para enseñar a leer y escribir a personas con
discapacidad.
“A veces estoy a punto de tirar la toalla; nunca pensé que sea tan difícil”,
admitió, e indicó que su labor es complicada, aunque gratificante, pues enseña a
personas adultas que no tuvieron oportunidad de aprender a leer y escribir.
Por ahora está preparando la graduación, que será el próximo mes en Vallegrande.
Actualmente, a través del método de alfabetización ‘Yo sí puedo’ son
alfabetizadas más de 37.000 personas en todo el país.