Racionalidad y prudencia en
una propuesta regional
Nunca nos cansaremos de insistir en que la cuestión de la tierra es algo muy
serio como para ejecutar respecto a ella políticas a la rápida, como, al
parecer, se propone hacerlo el gobierno de Evo Morales. Intereses de tipo
eminentemente político llevaron a ciertos países de América Latina a proceder de
tal modo. El caso más antiguo es el de México, tras la victoria de la Revolución
desatada por Pancho Villa y otros caudillos campesinos.
En el país azteca se cometió el mismo error en que mucho después, en 1953,
incurriría Bolivia. Se cuadricularon los grandes latifundios en "ejidos" que más
tarde se convertirían en minifundios y surcofundios iguales a los que en Bolivia
taponaron todo desarrollo agropecuario en el occidente, manteniendo a los
campesinos en la extrema pobreza y obligándoles a emprender la ruta de la
migración creciente al oriente . Sólo que en México esa migración fue hacia los
Estados Unidos, alcanzando un volumen tan alarmante que indujo al Presidente
Bush a caer en el despropósito que entraña erigir ese muro entre las fronteras
de ambos países.
Si el MAS se empeña ahora en aplicaciones casi instantáneas de esquemas de
repartijas de tierra en Santa Cruz, Beni y Pando, es por razones de tipo
polìtico-electoral, de cara a una Asamblea Constituyente que virtualmente se
halla a la vuelta de la esquina. Sin duda que apunta así a un buen efecto
proselitista en la masa electoral rural, sin importarle para nada las negativas
consecuencias que para el futuro de la agropecuaria del oriente tendría
semejante proceder.
De ahí que invista rango de racionalidad y prudencia la propuesta con la cual la
Prefectura del Departamento de Santa Cruz sale al frente de la precipitación y
peligrosidad implícitas en los planes de "Segunda Reforma Agraria" del gobierno
del MAS.
El gobierno departamental quiere que el asunto se encuadre en un Plan Agrario
Regional con tramos que no se pueden eludir. En primer lugar, la localización de
las tierras susceptibles de redistribución, por encontrarse ociosas y poseer
vocación agropecuaria. Para esto plantea la necesidad de crear un Registro de
tierras ociosas y la organización de un catastro rural. Todo, en el marco de la
descentralización del INRA. Exige, además, que las tierras sean distribuidas
entre los indígenas de la región y se vaya a la creación de un fondo de
financiamiento del programa, con recursos propios y de la cooperación
internacional, tanto bilateral como multilateral.
Sistema , racionalidad y prudencia, de cara a la sostenibilidad de un desarrollo
agropecuario regional que debe ser sostenible en el tiempo. Y para que lo sea
tiene que ser protegido de los riesgos del minifundio improductivo. De ese que
arruinó la economía agraria en México durante mucho tiempo y de ese que entre
nosotros provocó el desbande campesino a las ciudades de la troncal La Paz-El
Alto-Cochabamba-Santa Cruz, con boquetes de salida al exterior, particularmente
a Argentina, Brasil, Estados Unidos y, últimamente, a España.
Ojalá que el gobierno del MAS perciba tales características de la propuesta
regional sobre el tema de la tierra.
Somos todos bolivianos, el país es de todos
Dominicus
Como ya lo manifestó este su amigo Dominicus el 18 de abril de 2004: "Quien
nace en Bolivia, automáticamente es boliviano 100%. No hay ninguna
discriminación. Quien nace en el exterior de padre o madre nacionales, también
es boliviano con simple inscripción consular. La Constitución no dice cómo hay
que llamarse ni cómo hay que apellidar para ser más boliviano que otro. Tampoco
se condiciona el origen de padres y abuelos".
Por tanto y en función de la ley, acá no puede darse aquel dicho de George
Orwell: "Todos son iguales pero hay algunos que son más iguales que otros". Sin
embargo, en el pasado sí sucedió y hay que evitar que eso vuelva a ocurrir. Por
encima de credos y razas, todos los bolivianos somos iguales ante la ley y somos
igualmente bolivianos, sea el nacido acá de padres extranjeros, sea mestizo,
blanco, negro u originario.
A mí me gustó que al principio el presidente Evo Morales siempre repita que
gobernaría sin exclusiones y para todos los bolivianos y que, obviamente, lo que
haría en su administración sería un proceso firme de inclusión para que masas
autóctonas -que antes estaban marginadas- participen plenamente de la vida
nacional. Sin embargo, últimamente se perfilan algunos tufillos racistas que
bien haría el Presidente en despejar. Se habla insistentemente de la creación de
un 'Estado indígena' y se repite que "se debe beneficiar a los bolivianos, pero
en especial a quechuas y aymaras". No es así, beneficios y perjuicios tienen que
ser para todos, sin 'especiales' de ninguna naturaleza.
Yo no conozco ningún Estado blanco, amarillo, negro, mestizo o indígena. Conozco
al Estado como expresión jurídica de una nación organizada, y ese Estado puede
ser multiétnico y multicultural, ciertamente, pero es Estado a secas, sin
calificativos, dada su naturaleza universal para todos los que habitan bajo su
área de competencia. Por otro lado, eso de 'especialmente' no cabe; reitero que
las cosas son para todos y con todos. Que hay que ayudar y contribuir a que se
superen desigualdades, estoy totalmente de acuerdo, pero no hay que fomentar
diferencias formales entre bolivianos. Todos iguales bajo la ley, todos
igualmente bolivianos; esa es la sana consigna de un estadista y no otra.