Aprendió el oficio de manufacturar de sus padres que tenían un pequeño taller
en el que fabricaban zapatos manualmente. Desde hace dos años, fabrica calzados
para damas y varones con mucho detalle en cuero de cocodrilo y avestruz, con
excelentes resultados.
El año pasado, en sociedad con la empresa Tomy, alcanzó a exportar 1.000 pares a
Nueva York, Estados Unidos, por un valor aproximado de 100 mil dólares.
Se trata del pequeño empresario Ángel Santa Cruz, que en la década del 70
perfeccionó su vocación para diseñar y fabricar calzados de alta calidad en la
Fábrica Cremer, una de las empresas más modernas y mejor equipadas de esa época.
A mediados de 1981 emprendió el desafío de convertirse en empresario del calzado
con tres máquinas, cuatro operarios y un capital de operaciones aproximado de
3.500 dólares.
“Desde mi niñez todo sobre cueros y zapatos lo he aprendido sobre la marcha y
estoy convencido que producir un par de calzados es un arte que requiere
paciencia de artesano y compostura de sastre”, comenta.
En los últimos cinco años y debido a la demanda creciente del mercado nacional,
el taller de la marca Aries-Aries trabaja con 20 máquinas, ocho obreros
calificados y 20 operarios ayudantes que producen 900 pares al mes.