Sin recibir muchas protestas, el Gobierno del presidente, Evo Morales, ha
aplicado varios y duros golpes al orden del libre mercado, lo cual muestra dos
cosas: la primera, que el Presidente ejecutará el anuncio de eliminar el actual
orden económico, y la segunda, que esto le va a resultar relativamente fácil por
la poca y débil defensa con que cuenta este orden.
Sin embargo, se trata de un cambio total de la vida de todos nosotros. La tarea
de explicar esta afirmación al lector no entendido en macroeconomía resulta
difícil. En esta situación, la mejor forma para hacer entender de qué se trata
es la experiencia en carne propia. Este ejemplo es la caótica situación que se
vivió durante la época de la UDP. Recordemos, por favor.
Igual que hoy los están imponiendo, pues en aquel entonces los precios fueron
fijados por el Estado. Luego se ocultó la mercadería a la venta pública con esos
precios establecidos por el Estado, supuestamente en beneficio de los más
pobres. Florecieron el mercado negro y la corrupción. Todo se ocultó en las
tiendas; sólo se podían adquirir los productos al precio del mercado negro. Los
pasajes se vendían solamente si se tenía ‘muñeca’ para conseguirlos a un precio
superior del precio oficial.
Había escándalos a gran escala. Recuerdo, por ejemplo, el ‘negocio’ de un
dirigente del MIR con la harina. Otro ejemplo que se quedó grabado amargamente
en la memoria fue el abastecimiento de combustible. ¡Era barato, más allá de las
imaginaciones! El litro costaba cuatro centavos de dólar estadounidense. Un
regalo. Pero no había gasolina en los surtidores (que eran feos, peligrosos y
sucios, y estaban mal atendidos por el Estado). Las colas eran largas. Una de
las explicaciones para aquel desastre, entre muchas otras, era que se ocultaba
la nafta para venderla en el mercado negro a precios mucho más caros. Y se
contrabandeaba con ella en grandes volúmenes a los países vecinos, donde el
litro costaba según la base del precio en el mercado internacional, lo que
generaba una ‘superganancia’ a los funcionarios corruptos. Esto, que
supuestamente tenía que favorecer a la masa de pobres, sirvió para el beneficio
personal de unos pocos corruptos funcionarios de la empresa del Estado con
posibilidades de apoderarse del producto. Y así sigue la lista larga de
ejemplos.
La causa de este caos radicó en que no se permitió que los precios se
establecieran según la oferta y la demanda. Este principio es fundamental para
tener pan, gasolina, pasajes, etc., a precios que incentivan al productor a
producir y al consumidor a comprar con sus (frecuentemente escasos) recursos
financieros. Que hay quienes pueden comprar más y mejores productos y servicios,
puede considerarse como socialmente injusto, pero la alternativa no es viable:
precios bajos fijados por el Estado tienen el ‘efecto UDP’; florece el mercado
negro donde sí rigen los precios según la oferta y la demanda. Algo parecido es
el caso de la subvención de la garrafa, que se vende a Bs 22,50, pero que en
Perú cuesta Bs 80; así, por supuesto, falta gas en el país.
El otro gran golpe ha sido la suspensión del artículo 55 de la libre
contratación, supuestamente en favor de los oprimidos y explotados. La
sobreprotección de la ‘pega’ tiende a generar efectos contraproducentes, algo
que el tiempo confirmará.
www.eforobolivia.org
www.riberalta-bolivia.com