Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 25, marzo de 2006
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Otro tono de voz

Sin que haya que ceder un ápice en materia de dignidad, sin adoptar la actitud medrosa de menear la cola en presencia del amo, sin tener que rebajarse en lo más mínimo, consideramos, sin embargo, que no es posible mantener el tono ensoberbecido de la voz de cuando se es ciudadano del montón, y de esta calidad, cualquiera que sea la vía, se pasa a representar nada menos que a todo el país, en el caso que nos ocupa, el nuestro, Bolivia.
Como ciudadanos del montón -y lo somos todos los que no estamos investidos de poderes especiales reconocidos por las leyes y la Constitución Política del Estado- podemos decir lo que se nos venga en gana, por muy disparatado, absurdo o urticante que resulte para propios y extraños. Total, recogerán nuestras expresiones, las archivarán, las olvidarán, y a otra cosa. Las leyes fundamentales de la República dejan expresa constancia de que la libertad de expresión no puede ser coartada. Entonces, menester es remarcarlo, mientras seamos ciudadanos del montón, y en esta categoría se incluye a líderes auténticos o falsos, podemos salir con improperios de diverso matiz y gritarlos a voz en cuello.
Mas si mantenemos el tono, si nos manejamos con improperios cuando estamos investidos legítimamente de poderes especiales, lo que expresamos involucra implícitamente a todo el país. Ya no es don Mengano o don Zutano el que se expresa en términos injuriosos o hace afirmaciones o abre cargos públicamente sin sustento, sin la certeza de estar apoyado en la verdad. Lo que sale de boca de un representante legítimo del Estado, involucra al propio Estado. En el caso particular nuestro, que no difiere de otros correspondientes a países de aquí o de allá, lo que se afirma es “Bolivia dice”, y la aseveración nos concierne por igual a pueblo y a Gobierno.
Se han producido, en los últimos días, hechos lamentables, trágicos, que, aparte de haber ocasionado pérdida de vidas, han generalizado el temor, la zozobra, el quebrantamiento de la paz y del orden. En relación con tan penosos hechos, la ecuanimidad, la ponderación que era dable esperar del jefe del Estado, al menos mientras se aclarase lo sucedido, no se dio en ningún sentido. Repartió palos de ciego el mandatario, acusó, casi estamos seguros, sin poseer prueba alguna, sin exponer las razones de sus sospechas. Bolivia, y con nuestro país y nuestro Gobierno, nosotros los del montón, advertimos. Sentimos el índice que nos señala como complicados con la, de momento, temeraria afirmación del gobernante.
Que conste que no es nuestro propósito lavarle de oficio la cara a nadie, sacudir de polvo y paja a posibles autores, cómplices o apañadores del brutal atentado del que hemos sido víctimas en nuestro propio país, con pérdida de vidas y efusión de sangre. Pero no nos parece apropiado que un mandatario máximo haga tan temerarias acusaciones. Puede que, por una u otra causa, o simplemente porque sí, a los Estados Unidos –éste es el caso concreto-no les guste nuestro actual Gobierno o concretamente el jefe del Estado, pero nos cuesta creer que eso sea suficiente para que la potencia del norte destaque a sus agentes con la misión de meternos mortíferas bombas dentro de nuestras casas.


La hora boliviana (III)
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina

La puntualidad es una enfermedad en Bolivia.
Una enfermedad grave en Bolivia.
Sin embargo no cuesta curarse.
Con tener grueso el cuero y tomárselo todo a la chacota, uno se alivia en menos de lo que canta un gallo clueco y hasta puede alcanzar un título de máster.
De todas maneras, curarse de la puntualidad es un proceso susceptible de acelerarse, si se dan circunstancias como las siguientes.
***
En un tiempo, y nunca supe en razón de qué, funcionó aquí, o por lo menos hubo una funcionaria de la Unión Europea.
Tenía su oficina, o tal vez sólo vivía allí, en el entonces residencial barrio de Equipetrol, (Equipe, según la nueva ola).
Bueno pues, la mencionada funcionaria, boliviana al cien por cien, citó a una reunión en su oficina o en su casa, a las ocho de la noche, supuestamente para explicar cosas de la Unión Europea.
Puntuales sin remedio, gravemente puntuales, acudieron a la cita, el Dr. Jerjes Vaca Díez (+), el Ing. Guillermo Kenning y este servidor, que ya estaba en tratamiento contra la perniciosa puntualidad y que metió su cuchara.
Nadie a la vista en el lugar de la cita, aparte de los tres nombrados, desde luego.
Pero de todas maneras preguntamos por la dueña de casa y una sirvienta nos informó de que ‘la señora se estaba bañando.
Con esa chispa natural y tan propia, el Dr. Vaca Díez, de recordada memoria, pidió a la sirvienta que anunciara a su patrona, supuesta funcionaria de la Unión Europea, que fuera estábamos tres mozos forzudos decididos a ayudarla en su baño ‘refregándole’ la espalda.
***
El comando de la policía, cuando funcionaba en la calle Independencia, a unos pasos de la Plaza 24 de Septiembre, invitó a un acto en su patio de honor que, según la invitación, debía iniciarse a las 10 de la mañana.
En proceso de curación contra la puntualidad, llegué al comando a las 19.15 de la mañana y me sorprendió ver que ni siquiera había preparativos de la ceremonia. ¿Me habré equivocado de horario, me confundí con la fecha, será que la invitación es para mañana?, fueron las preguntas que me hice. Y para salir de dudas, interrogué a un oficial que papaba moscas.
-¡Sí!, me confirmó enfático, el acto es hoy, pero aún es muy temprano, apuntó poniéndose crespo de la rabia.
-¿Muy temprano?, inquirí incrédulo, pero si ya llevamos quince minutos de atraso.
-He dicho que es muy temprano, bramó el oficial de policía, haciendo ademán de llamar a un carabinero seguramente para ordenarle que me metiese en una celda por impertinente.