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Otro tono de voz
Sin que haya que ceder un ápice en materia de dignidad, sin adoptar la
actitud medrosa de menear la cola en presencia del amo, sin tener que rebajarse
en lo más mínimo, consideramos, sin embargo, que no es posible mantener el tono
ensoberbecido de la voz de cuando se es ciudadano del montón, y de esta calidad,
cualquiera que sea la vía, se pasa a representar nada menos que a todo el país,
en el caso que nos ocupa, el nuestro, Bolivia.
Como ciudadanos del montón -y lo somos todos los que no estamos investidos de
poderes especiales reconocidos por las leyes y la Constitución Política del
Estado- podemos decir lo que se nos venga en gana, por muy disparatado, absurdo
o urticante que resulte para propios y extraños. Total, recogerán nuestras
expresiones, las archivarán, las olvidarán, y a otra cosa. Las leyes
fundamentales de la República dejan expresa constancia de que la libertad de
expresión no puede ser coartada. Entonces, menester es remarcarlo, mientras
seamos ciudadanos del montón, y en esta categoría se incluye a líderes
auténticos o falsos, podemos salir con improperios de diverso matiz y gritarlos
a voz en cuello.
Mas si mantenemos el tono, si nos manejamos con improperios cuando estamos
investidos legítimamente de poderes especiales, lo que expresamos involucra
implícitamente a todo el país. Ya no es don Mengano o don Zutano el que se
expresa en términos injuriosos o hace afirmaciones o abre cargos públicamente
sin sustento, sin la certeza de estar apoyado en la verdad. Lo que sale de boca
de un representante legítimo del Estado, involucra al propio Estado. En el caso
particular nuestro, que no difiere de otros correspondientes a países de aquí o
de allá, lo que se afirma es “Bolivia dice”, y la aseveración nos concierne por
igual a pueblo y a Gobierno.
Se han producido, en los últimos días, hechos lamentables, trágicos, que, aparte
de haber ocasionado pérdida de vidas, han generalizado el temor, la zozobra, el
quebrantamiento de la paz y del orden. En relación con tan penosos hechos, la
ecuanimidad, la ponderación que era dable esperar del jefe del Estado, al menos
mientras se aclarase lo sucedido, no se dio en ningún sentido. Repartió palos de
ciego el mandatario, acusó, casi estamos seguros, sin poseer prueba alguna, sin
exponer las razones de sus sospechas. Bolivia, y con nuestro país y nuestro
Gobierno, nosotros los del montón, advertimos. Sentimos el índice que nos señala
como complicados con la, de momento, temeraria afirmación del gobernante.
Que conste que no es nuestro propósito lavarle de oficio la cara a nadie,
sacudir de polvo y paja a posibles autores, cómplices o apañadores del brutal
atentado del que hemos sido víctimas en nuestro propio país, con pérdida de
vidas y efusión de sangre. Pero no nos parece apropiado que un mandatario máximo
haga tan temerarias acusaciones. Puede que, por una u otra causa, o simplemente
porque sí, a los Estados Unidos –éste es el caso concreto-no les guste nuestro
actual Gobierno o concretamente el jefe del Estado, pero nos cuesta creer que
eso sea suficiente para que la potencia del norte destaque a sus agentes con la
misión de meternos mortíferas bombas dentro de nuestras casas.
La hora boliviana (III)
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina
La puntualidad es una enfermedad en Bolivia.
Una enfermedad grave en Bolivia.
Sin embargo no cuesta curarse.
Con tener grueso el cuero y tomárselo todo a la chacota, uno se alivia en menos
de lo que canta un gallo clueco y hasta puede alcanzar un título de máster.
De todas maneras, curarse de la puntualidad es un proceso susceptible de
acelerarse, si se dan circunstancias como las siguientes.
***
En un tiempo, y nunca supe en razón de qué, funcionó aquí, o por lo menos hubo
una funcionaria de la Unión Europea.
Tenía su oficina, o tal vez sólo vivía allí, en el entonces residencial barrio
de Equipetrol, (Equipe, según la nueva ola).
Bueno pues, la mencionada funcionaria, boliviana al cien por cien, citó a una
reunión en su oficina o en su casa, a las ocho de la noche, supuestamente para
explicar cosas de la Unión Europea.
Puntuales sin remedio, gravemente puntuales, acudieron a la cita, el Dr. Jerjes
Vaca Díez (+), el Ing. Guillermo Kenning y este servidor, que ya estaba en
tratamiento contra la perniciosa puntualidad y que metió su cuchara.
Nadie a la vista en el lugar de la cita, aparte de los tres nombrados, desde
luego.
Pero de todas maneras preguntamos por la dueña de casa y una sirvienta nos
informó de que ‘la señora se estaba bañando.
Con esa chispa natural y tan propia, el Dr. Vaca Díez, de recordada memoria,
pidió a la sirvienta que anunciara a su patrona, supuesta funcionaria de la
Unión Europea, que fuera estábamos tres mozos forzudos decididos a ayudarla en
su baño ‘refregándole’ la espalda.
***
El comando de la policía, cuando funcionaba en la calle Independencia, a unos
pasos de la Plaza 24 de Septiembre, invitó a un acto en su patio de honor que,
según la invitación, debía iniciarse a las 10 de la mañana.
En proceso de curación contra la puntualidad, llegué al comando a las 19.15 de
la mañana y me sorprendió ver que ni siquiera había preparativos de la
ceremonia. ¿Me habré equivocado de horario, me confundí con la fecha, será que
la invitación es para mañana?, fueron las preguntas que me hice. Y para salir de
dudas, interrogué a un oficial que papaba moscas.
-¡Sí!, me confirmó enfático, el acto es hoy, pero aún es muy temprano, apuntó
poniéndose crespo de la rabia.
-¿Muy temprano?, inquirí incrédulo, pero si ya llevamos quince minutos de
atraso.
-He dicho que es muy temprano, bramó el oficial de policía, haciendo ademán de
llamar a un carabinero seguramente para ordenarle que me metiese en una celda
por impertinente.
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