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¿Antibolivianismo en
retirada?
En la cancha de tenis del estadio Nacional de Santiago de Chile se
congregaron siete mil personas para aclamar al Presidente Evo Morales, quien
figura entre los jefes de Estado invitados a la histórica ceremonia de
transmisión del mando presidencial en la hermana nación. Varios medios de
comunicación chilenos, entre ellos el canal oficial de televisión, coincidieron
en calcular en aquella cantidad el número de asistentes a tan inédito acto, pues
es la primera vez que un primer mandatario boliviano recibe homenaje semejante
en Chile.
Aunque pequeña, dicha cantidad de gente no deja de ser significativa en un país
como Chile, con el cual mantenemos tantas diferencias a raíz de la Guerra del
Pacífico y su efecto de mediterraneidad contra nosotros. Abre la posibilidad de
un cambio en la sensibilidad del pueblo chileno respecto al problema marítimo
boliviano.
Debemos recordar que hasta no hace mucho tiempo atrás, tal sensibilidad, casi en
forma generalizada, nos era totalmente adversa. Diversas causas así lo
determinaban. En primer lugar, la referencia escolar en sentido de que el
litoral que se nos arrebató fue siempre chileno y no boliviano, condicionó
contra Bolivia al pueblo de nuestro vecino. Lo demás lo hicieron los factores de
poder, entronizados tanto en la política, como en la economía y los medios de
comunicación social, pero también en las propias Fuerzas Armadas. Desde estos
sectores se hizo todo lo posible para afianzar en los chilenos, respecto al mar,
cuantos estereotipos antibolivianos se pudiese. El principal, sin duda, aquel
alusivo a la figura de “traición a la patria” para todos los que postulasen la
devolución del litoral cautivo a Bolivia.
¿Antibolivianismo en retirada? Que siete mil chilenos, en coro tonante, frente
al Presidente de Bolivia, en la propia Santiago de Chile, exijan “!Mar para
Bolivia!”, ¡”Mar para Bolivia”!...parece un indicativo en tal sentido. Claro, se
mezcla en el asunto algo que no debemos pasar por alto que es la cuestión
política. El homenaje a Evo Morales en la capital mapochina fue organizado por
sectores de izquierda radical que simpatizan con el neopopulismo latinoamericano
en emergencia. Una corriente que casi no tiene nada de marxista leninista, pero
sí mucho de indigenismo. Dirigentes mapuches presentes en el acto, luciendo
trajes nativos, delataron esta característica. Es bueno recordar, al respecto,
que tras la caída del Muro de Berlín, la vieja izquierda latinoamericana, la
chilena, entre ellas, barrió del pecho los antiguos distintivos, reemplazándolos
por nuevos, como los del ultranativismo. En Chile, esta izquierda no comulga
para nada con una social democracia que con racionalidad, realismo e
inteligencia conduce a esa nación hacia el Primer Mundo. Por eso su afán de
restarle algo de protagonismo a Michelle Bachelet con el homenaje a Evo Morales.
De todos modos, el suceso no dejará de tener impacto en el marco de las
relaciones bilaterales entre ambos países. Seguro de que así también lo asumirá
el Gobierno que presidirá la primera mujer chilena que en la historia de Chile
llega a la Presidencia de la República.
Porque si ahora son solo siete mil los chilenos que claman un “mar para
Bolivia”, mañana pueden ser mucho más. Al cabo, aun a nivel popular, la
racionalidad, con base en la solidaridad, termina imponiéndose, sepultando
chauvinismos que, sobre la causa marítima boliviana, carecen en absoluto de
razón de ser. Cualquier chileno puede entender que su país no se irá al abismo
sólo porque le conceda a Bolivia salida soberana al mar por el norte de Arica.
Los chilenos conocen el mapa de su patria. Y porque lo conocen saben que lo que
más les sobra, desde Arica a Magallanes, sobre el Pacífico, es justamente
litoral y puertos marítimos...
Autoridades: ¡abajo con los montes urbanos!
Dominicus
El tema de la tierra en el ámbito rural es de por sí delicado, ya que por ley
hay que conciliar el criterio de propiedad privada con la llamada ‘función
económica y social’ (FES), algo que no siempre se cumple y que otras veces se
aplica subjetivamente.
Felizmente, no hay tal conflicto en los terrenos del conurbano, donde rige
solamente el derecho de propiedad, pero este derecho tampoco da ‘derecho’ al
abuso. Me refiero, específicamente, a la proliferación de los terrenos de
‘engorde’ (llamados así por haber sido comprados barato para venderlos caro el
día de mañana), que más allá del saneamiento mínimo en cuanto a su extensión y
otros papeleos, se han transformado en verdaderos montes urbanos, espacios que
afean y descuidan a la ciudad más allá de lo fea y sucia que lamentablemente ya
se encuentra.
Efectivamente, invito al lector a que recorra los cuatro puntos cardinales de
Santa Cruz de la Sierra. En cada barrio, en cada localidad, observará terrenos
baldíos que se encuentran en estado deplorable de abandono, con crecidas malezas
que parecen pedazos de jungla de donde uno puede esperar ver salir, en cualquier
momento, a la mona Chita y a su amo Tarzán... Y no exagero, ustedes pueden verlo
con sus propios ojos. Si quieren, comiencen nada menos que en la zona
residencial de Las Palmas. En esta parte de la ciudad observarán, al lado de
lindas residencias, montes urbanos –seguramente hasta con fauna silvestre
dentro– en un total abandono y siempre con el consabido letrero (o pintado) de
‘se vende’ y los respectivos teléfonos del dueño o agente inmobiliario.
Todos los propietarios de montes urbanos deberían ser drásticamente multados y
obligados de inmediato a terminar con esa situación de abandono en que tienen a
sus propiedades, donde ni construyen, ni limpian ni nada. Esto es inadmisible.
El bien público está por encima de lo privado en todas partes del mundo.
El ‘despiporre’ de los montes urbanos es otra muestra más del desorden que
caracteriza a la capital oriental, pero justamente por eso hay que señalarlo y
pedir que se solucione. No me cansaré de intentar educar al soberano y encaminar
hacia los caminos correctos a la autoridad de turno de este pueblo. Los montes
urbanos deben terminarse y ¡ya!
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