Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 12, marzo de 2006
STAFF CONTACTARSE
Portada
Santa Cruz
Seguridad
Nacional
Internacional
Economía
Deportes
Sociales
Escenas
Ediciones Anteriores
Editorial
Opinión
Lectores
Club de Lectores
Clima

 

 

 

 

 
SECCIÓN
 Editorial

¿Antibolivianismo en retirada?

En la cancha de tenis del estadio Nacional de Santiago de Chile se congregaron siete mil personas para aclamar al Presidente Evo Morales, quien figura entre los jefes de Estado invitados a la histórica ceremonia de transmisión del mando presidencial en la hermana nación. Varios medios de comunicación chilenos, entre ellos el canal oficial de televisión, coincidieron en calcular en aquella cantidad el número de asistentes a tan inédito acto, pues es la primera vez que un primer mandatario boliviano recibe homenaje semejante en Chile.
Aunque pequeña, dicha cantidad de gente no deja de ser significativa en un país como Chile, con el cual mantenemos tantas diferencias a raíz de la Guerra del Pacífico y su efecto de mediterraneidad contra nosotros. Abre la posibilidad de un cambio en la sensibilidad del pueblo chileno respecto al problema marítimo boliviano.
Debemos recordar que hasta no hace mucho tiempo atrás, tal sensibilidad, casi en forma generalizada, nos era totalmente adversa. Diversas causas así lo determinaban. En primer lugar, la referencia escolar en sentido de que el litoral que se nos arrebató fue siempre chileno y no boliviano, condicionó contra Bolivia al pueblo de nuestro vecino. Lo demás lo hicieron los factores de poder, entronizados tanto en la política, como en la economía y los medios de comunicación social, pero también en las propias Fuerzas Armadas. Desde estos sectores se hizo todo lo posible para afianzar en los chilenos, respecto al mar, cuantos estereotipos antibolivianos se pudiese. El principal, sin duda, aquel alusivo a la figura de “traición a la patria” para todos los que postulasen la devolución del litoral cautivo a Bolivia.
¿Antibolivianismo en retirada? Que siete mil chilenos, en coro tonante, frente al Presidente de Bolivia, en la propia Santiago de Chile, exijan “!Mar para Bolivia!”, ¡”Mar para Bolivia”!...parece un indicativo en tal sentido. Claro, se mezcla en el asunto algo que no debemos pasar por alto que es la cuestión política. El homenaje a Evo Morales en la capital mapochina fue organizado por sectores de izquierda radical que simpatizan con el neopopulismo latinoamericano en emergencia. Una corriente que casi no tiene nada de marxista leninista, pero sí mucho de indigenismo. Dirigentes mapuches presentes en el acto, luciendo trajes nativos, delataron esta característica. Es bueno recordar, al respecto, que tras la caída del Muro de Berlín, la vieja izquierda latinoamericana, la chilena, entre ellas, barrió del pecho los antiguos distintivos, reemplazándolos por nuevos, como los del ultranativismo. En Chile, esta izquierda no comulga para nada con una social democracia que con racionalidad, realismo e inteligencia conduce a esa nación hacia el Primer Mundo. Por eso su afán de restarle algo de protagonismo a Michelle Bachelet con el homenaje a Evo Morales.
De todos modos, el suceso no dejará de tener impacto en el marco de las relaciones bilaterales entre ambos países. Seguro de que así también lo asumirá el Gobierno que presidirá la primera mujer chilena que en la historia de Chile llega a la Presidencia de la República.
Porque si ahora son solo siete mil los chilenos que claman un “mar para Bolivia”, mañana pueden ser mucho más. Al cabo, aun a nivel popular, la racionalidad, con base en la solidaridad, termina imponiéndose, sepultando chauvinismos que, sobre la causa marítima boliviana, carecen en absoluto de razón de ser. Cualquier chileno puede entender que su país no se irá al abismo sólo porque le conceda a Bolivia salida soberana al mar por el norte de Arica. Los chilenos conocen el mapa de su patria. Y porque lo conocen saben que lo que más les sobra, desde Arica a Magallanes, sobre el Pacífico, es justamente litoral y puertos marítimos...


Autoridades: ¡abajo con los montes urbanos!
Dominicus

El tema de la tierra en el ámbito rural es de por sí delicado, ya que por ley hay que conciliar el criterio de propiedad privada con la llamada ‘función económica y social’ (FES), algo que no siempre se cumple y que otras veces se aplica subjetivamente.
Felizmente, no hay tal conflicto en los terrenos del conurbano, donde rige solamente el derecho de propiedad, pero este derecho tampoco da ‘derecho’ al abuso. Me refiero, específicamente, a la proliferación de los terrenos de ‘engorde’ (llamados así por haber sido comprados barato para venderlos caro el día de mañana), que más allá del saneamiento mínimo en cuanto a su extensión y otros papeleos, se han transformado en verdaderos montes urbanos, espacios que afean y descuidan a la ciudad más allá de lo fea y sucia que lamentablemente ya se encuentra.
Efectivamente, invito al lector a que recorra los cuatro puntos cardinales de Santa Cruz de la Sierra. En cada barrio, en cada localidad, observará terrenos baldíos que se encuentran en estado deplorable de abandono, con crecidas malezas que parecen pedazos de jungla de donde uno puede esperar ver salir, en cualquier momento, a la mona Chita y a su amo Tarzán... Y no exagero, ustedes pueden verlo con sus propios ojos. Si quieren, comiencen nada menos que en la zona residencial de Las Palmas. En esta parte de la ciudad observarán, al lado de lindas residencias, montes urbanos –seguramente hasta con fauna silvestre dentro– en un total abandono y siempre con el consabido letrero (o pintado) de ‘se vende’ y los respectivos teléfonos del dueño o agente inmobiliario.
Todos los propietarios de montes urbanos deberían ser drásticamente multados y obligados de inmediato a terminar con esa situación de abandono en que tienen a sus propiedades, donde ni construyen, ni limpian ni nada. Esto es inadmisible. El bien público está por encima de lo privado en todas partes del mundo.
El ‘despiporre’ de los montes urbanos es otra muestra más del desorden que caracteriza a la capital oriental, pero justamente por eso hay que señalarlo y pedir que se solucione. No me cansaré de intentar educar al soberano y encaminar hacia los caminos correctos a la autoridad de turno de este pueblo. Los montes urbanos deben terminarse y ¡ya!