Después del daño que acarreó el desborde del Río Grande para miles de
familias, luego del dolor que produjo y la acción humanitaria que han emprendido
las autoridades para mitigar el problema, los damnificados comenzaron a tomar
conciencia del impacto que sufrieron.
Ahora piden que a sus hijos en edad escolar se los atienda con la construcción
de escuelas, y que también se vea la posibilidad de reasentarlos en lugares
altos, menos proclives a llenuras, se reconstruyan las viviendas o les edifiquen
nuevas, y que, de igual manera, se atienda el arreglo de los caminos, que hasta
ahora están impenetrables.
Una carta enviada al prefecto por los representantes de las comunidades que
están en el campamento de Los Troncos, solicitaba que se atienda estas
peticiones, según indicó Guadalupe García, coordinadora de los afectados.
La directora de Desarrollo Social de la Prefectura, Alejandra Vaca Díez, indicó
que en el caso del tema escolar, se construirán guarderías infantiles para bébés
hasta los 2 años y además algunos galpones para los niños mayores de 2 años, con
el fin de darles atención psicológica. En los campamentos de refugiados viven
unos 9.000 menores. En San Julián están albergados unos 7.600 niños, en Los
Troncos 1.200, y hasta ayer las autoridades aún no tenían datos de Cuatro
Cañadas.
También, la ayuda internacional y nacional que se canaliza por la Prefectura y
Defensa Civil, consigna material escolar para los niños.
Con este mismo propósito, de iniciar las tareas de reconstrucción y que se ayude
a niños y jóvenes, se pronunció en su homilía dominical el cardenal Julio
Terrazas, que estuvo el sábado de visita en los campamentos de los afectados,
llevándoles un mensaje de esperanza. “Desde estas carpas se pide a todos
solidaridad, se pide a todos respeto de su dignidad, sobre todo se pide a los
responsables que acudan rápidamente para buscar las soluciones más de
adecuadas”, expresó.
La solicitud del cardenal pareció llegar simultáneamente con la acción de la
cooperación internacional, cuyos representantes este fin de semana estuvieron
evaluando las necesidades y las respuestas hasta el momento, que Defensa Civil y
las autoridades departamentales y municipales están brindando a los
damnificados.
Róger Quiroga, de la organización Oxfam, y coordinador del comité interagencias,
que canaliza ayuda internacional para los afectados, señaló que se apoyará al
Gobierno, a la Prefectura y a los municipios.
Los
afectados
Petronila Menacho
Alcaldesa de Pailón
Las comunidades de Valle Hermoso y Poza Verde son las poblaciones más
afectadas por el rebalse del Río Grande. Requerimos de ayuda urgente para esa
gente que ha perdido sus cosas. Tenemos originarios que se dedicaban a las
artesanías, es necesario ayudarlos. También fueron afectadas las zonas de Valle
de la Cruz y Taperas.
Genaro Carreño
Alcalde de Cuatro cañadas
Los vecinos afectados han perdido sus sembradíos y sus animales, son
pequeños productores. Es importante que el Gobierno les brinde ayuda para que se
puedan recuperar. En el meandro de la Manga y Palmitas ya se han colocado unas
48.000 bolsas rellenadas de tierra, necesitamos más bolsas, malla olímpica y
pilotes para reforzar el defensivo.
Germán Villca
Alcalde de San Julián
Nuestra gente está trabajando en el Río Grande, colocando las bolsas con
tierra, pero necesitan carpas para armar el campamento. Lamentablemente, nos
acusan de deforestar pero no somos nosotros, es gente extranjera, los
brasileños, menonos y japoneses han hecho desmontes en toda la ribera. Queremos
que se reforeste 1 ó 2 km.
Regreso del cauce alegró a Puerto Nuevo
La alegría era desbordante, la gente gritaba: “Por fin volvió nuestro río”,
relató la directora de Desarrollo Social de la Prefectura, Alejandra Vaca Díez,
que estuvo ayer en la comunidad de Puerto Nuevo, en el municipio de Okinawa,
justo en el momento que comenzaba a operar uno de los pontones del lugar
transportando una camioneta.
De esa manera, se puso punto final al otro drama que estaban soportando los
moradores de Puerto Nuevo, cuyos ingresos principales son el transporte de
vehículos y personas de una a otra ribera del Río Grande, a través de los
pontones. Desde que el curso de este río se desvió por los meandros de La Manga
y Palmita, el cauce por esa zona estaba prácticamente seco y no se prestaba a la
navegación.