Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 13, Febrero de 2006
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Piden la reconstrucción de casas, escuelas y caminos Desastre. Unos 9.000 niños están impedidos de ir a clases. Los damnificados que están refugiados en el campamento de Los Troncos le mandaron una carta al prefecto. El cardenal clamó por más ayuda
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Carencias. Dos niños, con su mirada inocente, son testigos de la triste realidad que viven las familias damnificadas
René David Moreno

Después del daño que acarreó el desborde del Río Grande para miles de familias, luego del dolor que produjo y la acción humanitaria que han emprendido las autoridades para mitigar el problema, los damnificados comenzaron a tomar conciencia del impacto que sufrieron.
Ahora piden que a sus hijos en edad escolar se los atienda con la construcción de escuelas, y que también se vea la posibilidad de reasentarlos en lugares altos, menos proclives a llenuras, se reconstruyan las viviendas o les edifiquen nuevas, y que, de igual manera, se atienda el arreglo de los caminos, que hasta ahora están impenetrables.
Una carta enviada al prefecto por los representantes de las comunidades que están en el campamento de Los Troncos, solicitaba que se atienda estas peticiones, según indicó Guadalupe García, coordinadora de los afectados.
La directora de Desarrollo Social de la Prefectura, Alejandra Vaca Díez, indicó que en el caso del tema escolar, se construirán guarderías infantiles para bébés hasta los 2 años y además algunos galpones para los niños mayores de 2 años, con el fin de darles atención psicológica. En los campamentos de refugiados viven unos 9.000 menores. En San Julián están albergados unos 7.600 niños, en Los Troncos 1.200, y hasta ayer las autoridades aún no tenían datos de Cuatro Cañadas.
También, la ayuda internacional y nacional que se canaliza por la Prefectura y Defensa Civil, consigna material escolar para los niños.
Con este mismo propósito, de iniciar las tareas de reconstrucción y que se ayude a niños y jóvenes, se pronunció en su homilía dominical el cardenal Julio Terrazas, que estuvo el sábado de visita en los campamentos de los afectados, llevándoles un mensaje de esperanza. “Desde estas carpas se pide a todos solidaridad, se pide a todos respeto de su dignidad, sobre todo se pide a los responsables que acudan rápidamente para buscar las soluciones más de adecuadas”, expresó.
La solicitud del cardenal pareció llegar simultáneamente con la acción de la cooperación internacional, cuyos representantes este fin de semana estuvieron evaluando las necesidades y las respuestas hasta el momento, que Defensa Civil y las autoridades departamentales y municipales están brindando a los damnificados.
Róger Quiroga, de la organización Oxfam, y coordinador del comité interagencias, que canaliza ayuda internacional para los afectados, señaló que se apoyará al Gobierno, a la Prefectura y a los municipios.

 Los afectados

Petronila Menacho
Alcaldesa de Pailón
Las comunidades de Valle Hermoso y Poza Verde son las poblaciones más afectadas por el rebalse del Río Grande. Requerimos de ayuda urgente para esa gente que ha perdido sus cosas. Tenemos originarios que se dedicaban a las artesanías, es necesario ayudarlos. También fueron afectadas las zonas de Valle de la Cruz y Taperas.

Genaro Carreño
Alcalde de Cuatro cañadas
Los vecinos afectados han perdido sus sembradíos y sus animales, son pequeños productores. Es importante que el Gobierno les brinde ayuda para que se puedan recuperar. En el meandro de la Manga y Palmitas ya se han colocado unas 48.000 bolsas rellenadas de tierra, necesitamos más bolsas, malla olímpica y pilotes para reforzar el defensivo.

Germán Villca
Alcalde de San Julián
Nuestra gente está trabajando en el Río Grande, colocando las bolsas con tierra, pero necesitan carpas para armar el campamento. Lamentablemente, nos acusan de deforestar pero no somos nosotros, es gente extranjera, los brasileños, menonos y japoneses han hecho desmontes en toda la ribera. Queremos que se reforeste 1 ó 2 km.

Regreso del cauce alegró a Puerto Nuevo

La alegría era desbordante, la gente gritaba: “Por fin volvió nuestro río”, relató la directora de Desarrollo Social de la Prefectura, Alejandra Vaca Díez, que estuvo ayer en la comunidad de Puerto Nuevo, en el municipio de Okinawa, justo en el momento que comenzaba a operar uno de los pontones del lugar transportando una camioneta.
De esa manera, se puso punto final al otro drama que estaban soportando los moradores de Puerto Nuevo, cuyos ingresos principales son el transporte de vehículos y personas de una a otra ribera del Río Grande, a través de los pontones. Desde que el curso de este río se desvió por los meandros de La Manga y Palmita, el cauce por esa zona estaba prácticamente seco y no se prestaba a la navegación.