|
El que siembra vientos...
El agro pierde 45 mil hectáreas de cultivos; piden carpas para 700 familias y
hay al menos diez comunidades afectadas por las riadas. Suben a 1.079 las
familias castigadas por los turbiones y estiman que 20 mil personas de 18
comunidades se quedarán sin nada. Sigue el avance incontenible del Río Grande,
el panorama es desolador y el Gobierno solicita ayuda internacional. Otras siete
localidades sufren ante el embate de las aguas y son 2.653 las familias
evacuadas a San Julián que requieren medicinas y vituallas. Se precisan 37,8
millones de dólares nada más que para aliviar los problemas, hay ocho
comunidades más anegadas por el Río Grande y el auxilio de los países amigos y
de instituciones locales no es suficiente.
Así de dramáticas fueron algunas de la noticias periodísticas de los últimos
días y son conmovedores los momentos que están viviendo comunidades y pueblos
enteros en las provincias cruceñas a raíz de los desbordes de los ríos,
principalmente del río Grande. Las ayudas interna y externa están resultando
escasas frente a tantas necesidades de asistencia médica y alimenticia,
asimismo, de vivienda y abrigo en vista de que suman millares las víctimas, las
que todavía pueden aumentar de número puesto que los pronósticos del tiempo no
son alentadores. No tardarán los entendidos en calcular las pérdidas en la
actividad agropecuaria, además de otros daños materiales, seguro que cifras
multimillonarias en dólares, es lo que profundizará la crisis económica que
sufre desde siempre el país.
No hay duda de que frente a las aguas bravías desbordadas por las intensas
lluvias poco es lo que pueden hacer los humanos -lo cual se ha podido ver en
muchas partes del mundo sin excluir las naciones del llamado primer mundo-, pero
es indudable que esos mismos humanos contribuyen enormemente a que se
desencadenen con toda su furia los fenómenos naturales. Estos fenómenos
naturales se hacen sentir puntualmente cada año por la época de aguaceros
copiosos, aunque hay otro tiempo que de igual modo es de lo más perjudicial, el
de la sequía, o sea el extremo opuesto.
Decíamos que los humanos contribuimos decididamente a que las tempestades -y
también la sequía, cabe reiterarlo-, sean más fuertes y por consiguiente causen
mayores estragos, porque no empecinamos en desobedecer las leyes y nos dejamos
llevar por el capricho y por el interés del momento. Por eso desde tanto tiempo
atrás deforestamos y cazamos sin piedad, chaqueamos y quemamos bárbaramente, nos
asentamos irresponsablemente en las riberas de los ríos (...), ¡hasta con
cabañas para bailar, beber y comer las presas cobradas al monte!
Favorecieron esas actitudes obstinadas las erradas políticas de los gobiernos de
turno, que además miraron indiferentes las invasiones a reservas ecológicas, a
parques naturales, a tierras no aptas para la agricultura y la ganadería. Peor
aún, que archivaron planes destinados al regadío y a intensificar con
racionalidad la explotación agropecuaria en zonas potencialmente aptas para el
desarrollo productivo, tales los casos de los proyectos Río Grande-Rositas y
Abapó-Isoso, con los que no solamente estuvieran bien alimentados todos los
bolivianos, sino que quedarían enormes excedentes para la exportación. Pero
claro, estos proyectos requerían gran dedicación técnica, enormes inversiones y
perseverancia, en cambio más fácil era extraer la rica madera, trabajar a la
orilla de los caminos y de los ríos, por último tumbar árboles para vender leña
y matar jochis, guasos y tantos otros animales a fin de comercializar su carne y
su cuero.
Lo más probable es que continuaremos en el error, con lo que se repetirán los
pedidos de auxilio; dentro de unos meses ya no se será porque los sembradíos
están bajo el agua, sino porque no les cae una gota de este líquido vital. Ya lo
dice la sentencia: el que siembra vientos cosecha tempestades.
Incitando a la violencia
Juan Carlos Rivero
La disputa legal sobre el derecho de propiedad de un terreno entre las
universidades Gabriel René Moreno y Franz Tamayo ha rebasado todo marco de
racionalidad, a tal punto que se está poniendo en riesgo la integridad física de
los propios estudiantes y de otras personas inocentes.
Las autoridades de ambas casas de estudio incitan a la violencia y ponen en
riesgo la vida de sus alumnos cada vez que los utilizan para hacer vigilias,
para evitar el ingreso de los del ‘otro bando’, para marchar o para pasar clases
en el edificio inconcluso que se encuentra en el referido terreno.
¿Se han vuelto locos estos individuos para tratar de resolver conflictos como se
hacía en el lejano oeste?
En cualquier país civilizado, las autoridades competentes tendrían que
intervenir en una situación como ésta, para evitar que la gente arregle las
cosas a su manera, lastimándose en el proceso.
El problema es que no tenemos autoridades competentes. Éstas perdieron sus
competencias en el momento que la gente dejó de creer en ellas, por falta de
transparencia, por ineptitud, por hechos de corrupción que salpican sus
gestiones desde hace varios años.
No es de extrañar, entonces, que las leyes, resoluciones y ordenanzas se hagan
cumplir de forma opcional, sólo si el mandado está de acuerdo con ellas. Si no
lo está, que el mandante se joda.
Dicen que hay una ley que favorece a la Moreno en cuanto al derecho de propiedad
del terreno. También dicen que hay un amparo constitucional que favorece a la
Tamayo. Por último, la Alcaldía cruceña sale diciendo que la construcción del
edificio es ilegal porque viola normas de urbanismo, pero esperó a que la obra
alcanzara su altura final para clausurarla.
En medio de semejante descrédito normativo, las autoridades ‘morenianas’ piden
demoler el edificio, y las de la Tamayo invitan a sus alumnos al inicio de
clases, aunque falten muros, vidrios y puertas. ¡Qué joyitas!
Y ahora ¿quién podrá defender a los estudiantes? La verdad que no sabría sugerir
si en este caso deberían intervenir los gendarmes municipales, la Policía, la
Fiscalía, el Prefecto, el Ejército, el Congreso, la Corte Suprema o el
Presidente. Así de mal andamos en cuanto a competencias.
Mientras tanto, señores litigantes, absténganse de convocar a los
universitarios, a los obreros que construyen el edificio, a los empleados que
acuden al lugar del conflicto, para utilizarlos como puntas de lanza o como
escudos. Si lo hacen, estarían incitando a la violencia. Pero claro, ¿bajo la
ley de quién está tipificado este delito?
|