Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 13, Febrero de 2006
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El que siembra vientos...

El agro pierde 45 mil hectáreas de cultivos; piden carpas para 700 familias y hay al menos diez comunidades afectadas por las riadas. Suben a 1.079 las familias castigadas por los turbiones y estiman que 20 mil personas de 18 comunidades se quedarán sin nada. Sigue el avance incontenible del Río Grande, el panorama es desolador y el Gobierno solicita ayuda internacional. Otras siete localidades sufren ante el embate de las aguas y son 2.653 las familias evacuadas a San Julián que requieren medicinas y vituallas. Se precisan 37,8 millones de dólares nada más que para aliviar los problemas, hay ocho comunidades más anegadas por el Río Grande y el auxilio de los países amigos y de instituciones locales no es suficiente.
Así de dramáticas fueron algunas de la noticias periodísticas de los últimos días y son conmovedores los momentos que están viviendo comunidades y pueblos enteros en las provincias cruceñas a raíz de los desbordes de los ríos, principalmente del río Grande. Las ayudas interna y externa están resultando escasas frente a tantas necesidades de asistencia médica y alimenticia, asimismo, de vivienda y abrigo en vista de que suman millares las víctimas, las que todavía pueden aumentar de número puesto que los pronósticos del tiempo no son alentadores. No tardarán los entendidos en calcular las pérdidas en la actividad agropecuaria, además de otros daños materiales, seguro que cifras multimillonarias en dólares, es lo que profundizará la crisis económica que sufre desde siempre el país.
No hay duda de que frente a las aguas bravías desbordadas por las intensas lluvias poco es lo que pueden hacer los humanos -lo cual se ha podido ver en muchas partes del mundo sin excluir las naciones del llamado primer mundo-, pero es indudable que esos mismos humanos contribuyen enormemente a que se desencadenen con toda su furia los fenómenos naturales. Estos fenómenos naturales se hacen sentir puntualmente cada año por la época de aguaceros copiosos, aunque hay otro tiempo que de igual modo es de lo más perjudicial, el de la sequía, o sea el extremo opuesto.
Decíamos que los humanos contribuimos decididamente a que las tempestades -y también la sequía, cabe reiterarlo-, sean más fuertes y por consiguiente causen mayores estragos, porque no empecinamos en desobedecer las leyes y nos dejamos llevar por el capricho y por el interés del momento. Por eso desde tanto tiempo atrás deforestamos y cazamos sin piedad, chaqueamos y quemamos bárbaramente, nos asentamos irresponsablemente en las riberas de los ríos (...), ¡hasta con cabañas para bailar, beber y comer las presas cobradas al monte!
Favorecieron esas actitudes obstinadas las erradas políticas de los gobiernos de turno, que además miraron indiferentes las invasiones a reservas ecológicas, a parques naturales, a tierras no aptas para la agricultura y la ganadería. Peor aún, que archivaron planes destinados al regadío y a intensificar con racionalidad la explotación agropecuaria en zonas potencialmente aptas para el desarrollo productivo, tales los casos de los proyectos Río Grande-Rositas y Abapó-Isoso, con los que no solamente estuvieran bien alimentados todos los bolivianos, sino que quedarían enormes excedentes para la exportación. Pero claro, estos proyectos requerían gran dedicación técnica, enormes inversiones y perseverancia, en cambio más fácil era extraer la rica madera, trabajar a la orilla de los caminos y de los ríos, por último tumbar árboles para vender leña y matar jochis, guasos y tantos otros animales a fin de comercializar su carne y su cuero.
Lo más probable es que continuaremos en el error, con lo que se repetirán los pedidos de auxilio; dentro de unos meses ya no se será porque los sembradíos están bajo el agua, sino porque no les cae una gota de este líquido vital. Ya lo dice la sentencia: el que siembra vientos cosecha tempestades.

Incitando a la violencia
Juan Carlos Rivero

La disputa legal sobre el derecho de propiedad de un terreno entre las universidades Gabriel René Moreno y Franz Tamayo ha rebasado todo marco de racionalidad, a tal punto que se está poniendo en riesgo la integridad física de los propios estudiantes y de otras personas inocentes.
Las autoridades de ambas casas de estudio incitan a la violencia y ponen en riesgo la vida de sus alumnos cada vez que los utilizan para hacer vigilias, para evitar el ingreso de los del ‘otro bando’, para marchar o para pasar clases en el edificio inconcluso que se encuentra en el referido terreno.
¿Se han vuelto locos estos individuos para tratar de resolver conflictos como se hacía en el lejano oeste?
En cualquier país civilizado, las autoridades competentes tendrían que intervenir en una situación como ésta, para evitar que la gente arregle las cosas a su manera, lastimándose en el proceso.
El problema es que no tenemos autoridades competentes. Éstas perdieron sus competencias en el momento que la gente dejó de creer en ellas, por falta de transparencia, por ineptitud, por hechos de corrupción que salpican sus gestiones desde hace varios años.
No es de extrañar, entonces, que las leyes, resoluciones y ordenanzas se hagan cumplir de forma opcional, sólo si el mandado está de acuerdo con ellas. Si no lo está, que el mandante se joda.
Dicen que hay una ley que favorece a la Moreno en cuanto al derecho de propiedad del terreno. También dicen que hay un amparo constitucional que favorece a la Tamayo. Por último, la Alcaldía cruceña sale diciendo que la construcción del edificio es ilegal porque viola normas de urbanismo, pero esperó a que la obra alcanzara su altura final para clausurarla.
En medio de semejante descrédito normativo, las autoridades ‘morenianas’ piden demoler el edificio, y las de la Tamayo invitan a sus alumnos al inicio de clases, aunque falten muros, vidrios y puertas. ¡Qué joyitas!
Y ahora ¿quién podrá defender a los estudiantes? La verdad que no sabría sugerir si en este caso deberían intervenir los gendarmes municipales, la Policía, la Fiscalía, el Prefecto, el Ejército, el Congreso, la Corte Suprema o el Presidente. Así de mal andamos en cuanto a competencias.
Mientras tanto, señores litigantes, absténganse de convocar a los universitarios, a los obreros que construyen el edificio, a los empleados que acuden al lugar del conflicto, para utilizarlos como puntas de lanza o como escudos. Si lo hacen, estarían incitando a la violencia. Pero claro, ¿bajo la ley de quién está tipificado este delito?