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Riada grande. 15.100 refugiados naufragan en la incertidumbre
Desastre. A casi dos semanas del inicio de la riada, continúa faltando comida, carpas, colchones, letrinas y agua para el aseo en los campamentos. Siguen el hacinamiento y las infecciones en afectados
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Evacuación. Este era un camino que unía a Los Laureles con la carretera que va de Los Troncos a San Julián. Ahora es territorio del río Grande |
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Olor a carne podrida en el aire caliente de las tierras bajas llenas de agua,
ruido de monte conteniendo la respiración, sensación de agua, primero fría
(flotan montones de hormigas), luego caliente, ahora clara (se ve la vegetación
sumergida), luego marrón y al fin color a guaraná.
Visión de animales ahogados aún bajo la costra del lodo y la corriente de agua
que trepó paredes de las casas como una serpiente gigante, derribó techos y
amenazó con matar a cerca de las 3.053 familias que perdieron todo en los
municipios de Cuatro Cañadas, El Puente, Pailón, San Julián y Okinawa. Todo eso
es lo que se ve en los lugares que desde el 26 de enero se convirtieron en
territorio tragado por el Río Grande.
Caseríos como Los Laureles se han convertido en pueblos fantasmas, donde sólo se
mueven los objetos que flotan sobre el agua que aún roe las bases de las casas
de barro y techo de palma que todavía no se han desplomado.
Pero, ¿cómo enfrentan los estragos de los elementos los hombres que sólo tienen
por arma la fuerza de sus manos?: una canoa arrastrada por cuatro hombres
mojados desde hace una semana, con los pies y manos partidos por el remojo y el
esfuerzo, aparece en la desolación de Los Laureles, remando a ratos y a ratos
bajando del bote con el agua al pecho para evitar así que la corriente los
arrastre.
Son hombres (padres que han dejado a sus esposas e hijos en los campamentos de
refugiados) que han desafiado la zona de desastre para rescatar lo que aún se
pueda.
Llegan al caserío después de cruzar primero los campos de lodo que se tragan las
piernas hasta las rodillas, y luego flotando sobre alambrados y puentes
vecinales que están bajo las aguas, enfrentan la corriente y cargan en la canoa
lo que quepa en ella. Sillas, ropa, fumigadoras, perros, y el estandarte de la
escuela 27 de Mayo de Los Laureles, la bandera nacional y la cruceña. Así, una y
otra vez, los hombres vuelven lo más rápido posible por temor a otra riada, lo
mismo ocurre en otras comunidades evacuadas.
“Este río, que a muchos nos dio de comer, ahora se ha vuelto un enemigo”, dijo
Gabriel Ipiaté, de la zona de Alto Perú, en el campamento de Cuatro Cañadas.
Los 15.100 sobrevivientes de la ira del Río Grande que huyeron con lo que cabía
en sus manos, ahora yacen apilados como prisioneros de una guerra perdida contra
el mundo bajo las 200 carpas de Defensa Civil en siete lugares donde se
habilitaron los campamentos para refugiados: Los Troncos, Cuatro Cañadas, San
Julián, Villa Paraíso, Bolívar, Berlín y 2 de Agosto.
“Yo salí con mis hijos cuando el agua ya se había subido a las camas, pero a una
cuadra de mi casa había una mujer que estaba sentada en el suelo de su pahuichi,
llorando, temblando, agarrándose la cabeza, confundida, sin saber qué hacer con
sus hijos llorando aferrados a ella. Algunos nos volvimos y sacamos a todos casi
a rastras”, dijo Benita Viquietá, vecina de Fortín Libertad, que ahora está en
el campamento de Los Troncos viviendo en una carpa con sus tres hijos, su marido
y tres familias más.
Desde que el río se desbordó la noche del 26 de enero, 3.053 familias pasan sus
días en la dificultad de los campamentos, improvisados en canchas de fútbol,
escuelas e ingenios abandonados.
Allí, la insalubridad por falta de letrinas y agua para el aseo, y el
hacinamiento, pueden causar en cualquier momento una epidemia, aunque ya hay
casos de diarreas y enfermedades de la piel en chicos y grandes. De haber una
epidemia, eso sería una cuenta más en el rosario de desgracias de estas familias
de pequeños agricultores y peones de estancias, rosario ya formado por la
pobreza que les tocó vivir, la falta de acceso a la salud, la educación y al
trabajo pagado como es debido.
Cuando el motor de un vehículo se detiene en la noche, en medio de uno de estos
campamentos, los refugiados más afortunados empiezan a moverse, hacinados bajo
sus mantas como gusanitos en su capullo. Los otros, los que aún están a la
intemperie (la mayoría) se estiran, deshacen el ovillo de sus cuerpos con el que
resguardan el calor en medio de lo helado de la noche y se levantan entre la
oscuridad con movimientos de seres que vuelven a la vida acosados por el hambre,
los mosquitos y la incertidumbre.
Emergen de las sombras de las carpas de cuatro metros de largo por cuatro de
ancho que comparten hasta seis o siete familias al mismo tiempo, y avanzan hacia
el vehículo con aires de mendigos, esperando que de allí salga algo que les
llene el estómago, ropa que les sirva para reemplazar los únicos trapos, sucios
ya porque no hay agua para el aseo, que pudieron sacar cuando el río se volvió
un gigante y arrasó con pueblos enteros sepultándolos bajo sus aguas.
Ccronología
26 de enero. El desborde del Río Grande cobra su primera víctima. Un
adolescente de 16 años muere ahogado en la zona comprendida entre las
comunidades El Fortín y Madrecitas, en el municipio de Cuatro Cañadas.
29 de enero. Las lluvias causan estragos. El presidente, Evo Morales, se reúne
con delegados de la cooperación internacional para evaluar los daños. Seis de
los nueve departamentos del país han sido azotados por las lluvias que a esa
fecha dejaron al menos 3.600 familias damnificadas y pérdidas materiales.
30 de enero. El presidente Morales pide ayuda de "emergencia" a la comunidad
internacional para asistir a unas 50.000 familias de campesinos pobres
damnificadas por los furiosos aguaceros que azotan el país.
31 de enero. El Presidente sobrevuela las zonas inundadas, donde se calcula que
hay cerca de 5.000 damnificados y más de 11 mil hectáreas destruidas. Venezuela
manda ayuda.
1 de febrero. Llegan 200 carpas de Defensa Civil. La Prefectura continúa
enviando alimentos y algo de vituallas.
2 de febrero. Chile manda ayuda humanitaria, llegan los médicos cubanos y el río
Grande sigue afectando Brecha Casarabe y amenaza San Julián.
3 de febrero. Ya hay siete campamentos en los municipios de San Julián y Cuatro
Cañadas. En total, los refugiados suman unas 15.100 personas.
4 de febrero. El municipio de San Julián estima que serán 2.000 familias
afectadas sólo en su área de responsabilidad y que se necesitarán unos $us 70
millones para reencauzar el río.
Municipios
San Julián
Cantidad de campamentos: 16
Cantidad de familias: 2.217
Cantidad de personas: 11.085
Toneladas de alimentos: 67.72
Medicamentos: red de salud activa.
Carpas: 192
Colchones: 350
Frazadas: 2.610.
Cuatro Cañadas
Cantidad de campamentos: 3
Cantidad de familias: 269
Cantidad de personas: 1.345
Toneladas de alimentos: 10.71
Medicamentos: red de salud activa
Carpas: 53
Colchones: 60
Frazadas: 176
El Puente
Cantidad de campamentos: 1
Cantidad de familias: 233
Cantidad de personas: 1.000
Toneladas de alimentos: 0
Medicamentos: red de salud
Carpas: 0
Colchones: 0
Frazadas: 0
Pailón
Cantidad de campamentos: 3
Cantidad de familias: 111
Cantidad de personas: 555
Toneladas de alimentos: 3.34
Medicamentos: red de salud.
Carpas: 0
Colchones: 0
Frazadas: 0
Okinawa
Cantidad de campamentos: 2
Cantidad de familias: 223
Cantidad de personas: 1.115
Toneladas de alimentos: 2.56
Medicamentos: red de salud
Carpas: 0
Colchones: 0
Frazadas: 0
Personal de salud: 61, además de los 140 médicos cubanos
Personal de rescate: 70
Personal técnico: 45
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