Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 12, Febrero de 2006
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Febrero impune. Tres años que la justicia no llega Secuelas. Una de las víctimas, a quien le destrozaron el rostro de un balazo, cuenta su drama y lamenta no haber encontrado justicia después de más de 1.000 días del suceso. Le hicieron 19 cirugías en su rostro
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Suceso. El epicentro de las convulsiones fue la plaza Murillo. El Palacio de Gobierno fue blanco de balazos el día 12
Guísela López Rivas

La bala de un francotirador fue certera. Le dio en el lado izquierdo del mentón, atravesó y salió por el lado derecho de la nuca. El impacto la tumbó desde la terraza del edificio donde ella intentaba salvar la vida de un herido hasta el primer piso. La caída de cinco metros de altura aproximadamente le destrozó los huesos de la cabeza, le rompió la órbita de un ojo, le deshizo la nariz y le partió el paladar. La bala dañó toda su mandíbula, despedazó la lengua y averió los músculos de su cuello.
Sucedió el 13 de febrero de 2003, en un edificio próximo a la Plaza Murillo. La víctima es una sobreviviente del denominado ‘febrero negro’. Su nombre es Carla Espinoza Sanabria (32) y desde aquel fatídico día, en que se encontraba prestando auxilio médico a los heridos de la balacera, ha sido sometida a 19 cirugías en Bolivia, Chile y Estados Unidos. Todas las operaciones fueron para reconstruirle el rostro.
“Tengo lesiones físicas y sicológicas, como persona, como mujer, etc. He quedado paralizada en todos esos aspectos”, dijo a EL DEBER Carla Espinoza, la médica que hace casi tres años fue herida por un proyectil que se dirigió precisamente a ella, cuando intentaba rescatar a un presunto herido que se encontraba tendido en la terraza de un edificio. Carla no sabía que el hombre al que quiso socorrer, ya estaba muerto.
Minutos antes de ser alcanzada por la bala que le destrozó la cara, Carla intentó auxiliar a la enfermera Ana Colque, que también fue abatida por un proyectil dirigido. Pese al antecedente, la médica no vaciló para prestar ayuda al hombre ensangrentado que estaba en la terraza del edificio.
“Mi hija, que estaba vestida con su mandil de médica, vio que los militares dispararon contra Ana Colque desde la esquina de las calles Genaro Sanjinés y Comercio, por eso sacó una bandera de la Cruz Roja, para que no le disparen. Pero igual le dispararon”, relató Roxana Sanabria, madre de Carla y al mismo tiempo su interlocutora, ya que la víctima tiene dificultades para expresar sus ideas debido a las lesiones sufridas en la boca.
Después del atentado, Carla estuvo casi un mes inconsciente. En La Paz le hicieron la primera cirugía. 14 días después del balazo, Carla fue llevada a Chile, donde le realizaron cinco operaciones más. En 2004, gracias a gestiones de la embajada estadounidense, Carla fue trasladada a EEUU, donde la sometieron a siete cirugías. En 2005 retornó a ese país y al quirófano en seis ocasiones.
“Mi hija no se recuperará totalmente. Los daños son irreversibles. Ha quedado con epilepsia secundaria y parálisis facial. Ella quería ser gastroenteróloga, pero no podrá”, relató Roxana Sanabria.
Pero Carla no decae. Acaba de terminar una maestría y se está preparando para su examen final. “Quiero seguir formándome y trabajar”, dijo.

Le reclamo al Estado
Waldo Albarracín / Defensor del Pueblo

La actitud de los militares, que se niegan a ser procesados por la justicia ordinaria y que han puesto trabas en toda la investigación, más la actitud del anterior Congreso, que impidió el juicio de responsabilidades contra el ex presidente Sánchez de Lozada y sus ministros en el caso de los muertos y heridos el 12 y 13 de febrero, son los principales mecanismos de impunidad.
Me corresponde insistir en el reclamo al Estado, en este caso al nuevo gobierno, al nuevo Parlamento y al propio Ministerio Público, para que extremen esfuerzos en aras de viabilizar de una buena vez las acciones que tiendan a terminar de identificar a los responsables de los hechos, para juzgarlos y sancionarlos penalmente.
Así se resolverá una asignatura pendiente que tiene el Estado boliviano y una deuda específicamente con los familiares de las víctimas.

Los militares no dieron información

Si en el proceso de investigación del denominado caso ‘octubre negro’ la traba está puesta por el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, que no puede ser convocado a declarar, en el caso ‘febrero negro’ son los militares los que han puesto los obstáculos. En dos años y medio de indagaciones de parte del Ministerio Público, éste no logró arrancarle información a las FFAA para encontrar a los responsables de las más de tres decenas de muertes y más de 150 heridos de los sucesos del 12 y 13 de febrero de 2003.
“No hemos podido obtener información de los militares. Estamos a la espera de que el secreto militar sea levantado”, precisó Milton Mendoza, uno de los fiscales que trabajó en gran parte de la investigación.
Mendoza explicó que en el caso ‘febrero negro’, el secreto militar no corresponde, debido a que este sistema legal de protección prevalece únicamente cuando está en riesgo la seguridad del Estado. “Pero esa siempre ha sido la excusa de los miembros de las FFAA”, cuestionó el jurisconsulto.
Las trabas de los uniformados tienden a proteger a cuatro militares, acusados de ser los autores de la muerte de dos civiles y de haber causado daños muy graves a una tercera persona. Las víctimas fatales fueron la enfermera Ana Colque y el hijo del portero de un edificio, Wilber Collanqui. La persona herida de gravedad fue la médica Carla Espinoza.
Los cuatro militares fueron procesados por la justicia militar, la que los liberó de pena y de culpa.

No hay detenidos, pero sí trabas políticas y militares

Dos años y medio de investigaciones policiales dejan un resultado con sabor a poco en las familias de más de 30 fallecidos y en los más de 150 heridos de los hechos del 12 y el 13 de febrero de 2003. No existe ni un solo detenido, no se pudo iniciar el juicio de responsabilidades contra el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y las FFAA se niegan a dar información clave, bajo el argumento del ‘secreto militar’.
“Falta determinar mucho. Existen hipótesis e información que requieren ser contrastadas y demostradas. Por ejemplo hay que comprobar si participó o no un grupo antiterrorista de las FFAA”, dijo el fiscal Milton Mendoza, que participó en gran parte del proceso de indagación y que actualmente está abocado a la investigación de los sucesos de ‘octubre negro’.
Actualmente, la investigación se encuentra en la etapa preparatoria. Quienes la llevan adelante no se animan a dar un porcentaje del avance, pero admiten que no han logrado conseguir información fundamental para esclarecer los hechos. “No podemos hacer una investigación completa cuando existen protagonistas a los que, en este caso, ni siquiera se les ha tomado la declaración, como es el caso de los militares”, justificó Mendoza.
Los militares acusados fueron respaldados por las FFAA y procesados en su propia justicia; terminaron absueltos. Sin embargo, el Ministerio Público emitió órdenes de aprehensión contra cuatro de ellos por haberse negado a ser investigados.
Pero las familias de los muertos no pierden la fe en que lograrán justicia, sobre todo debido a la asunción del nuevo Gobierno. “Esperamos que el proceso avance mejor con Evo Morales como Presidente”, dijo María Calzina, madre de Huáscar Sánchez Calizaya, el muchacho de 16 años que murió el 12 de febrero de 2003. “Mi hijo estaba cerca de la plaza Murillo. Tenía que encontrarse conmigo en la Alcaldía, pero en el camino lo mataron”, relató la mujer. “Huáscar tenía que cumplir este 8 de febrero 19 años”, lamentó María.

 Paso a paso la investigación

Arranque a medias
El 13 de febrero, cuando todavía se registraban enfrentamientos, el Ministerio Público asume la conducción de las investigaciones. Ese mismo día fue imputado un capitán de la Fuerza Aérea por presunta tentativa de homicidio. Los militares comenzaron oponiéndose a que los investigadores fueran policías, con el argumento de que la confrontación fue con ese sector. En cuestión de días se cambia a los fiscales investigadores en dos ocasiones. Hasta junio de 2003 no había resultados positivos de avance.

Comienzo de las batallas
En junio de 2003, los fiscales Milton Mendoza y Willams Alade se suman a la investigación y dos meses después, el 18 de agosto, el Ministerio Público presentó la segunda imputación contra policías, contra ex alumnos del colegio Ayacucho y contra cuatro militares. Al día siguiente comenzó la batalla legal entre el Ministerio Público y los militares; estos últimos argumentaron que no debían ser procesados por la justicia ordinaria, sino por la militares. Un juez ordenó que sean juzgados como cualquier ciudadano.

La justicia del Tribunal
Dos vocales de la Corte de Justicia de La Paz, Ángel Arequipa y Ramiro Sánchez, revocaron la decisión del juez y favorecieron para que los militares fueran procesados en sus propios tribunales. La madre de la médica Carla Espinoza apeló al Tribunal Constitucional y éste instruyó que los militares se sometan a la justicia ordinaria y no a sus propios tribunales. Además, el Tribunal anuló el fallo de la justicia militar, que había absuelto de culpa a los cuatro miembros del Ejército.

Disputa encarnizada
Desde que el Tribunal falló en contra de los militares, éstos han presentado una serie de recursos legales que han obstaculizado todo el proceso de investigación. En términos generales se niegan a dar información acerca de cuáles de sus miembros actuaron el 12 y el 13 de febrero, y quiénes dieron las órdenes para el desplazamiento militar. El Congreso anterior remató esta situación al negar que el ex presidente Sánchez de Lozada y cuatro de sus ministros fuesen sometidos a un juicio de responsabilidades.

El informe de la OEA
En mayo de 2003, la OEA presentó un informe en el cual estableció que el 12 y el 13 de febrero hubo una insurrección generalizada en Bolivia. Sostuvo que la vida del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada ‘corrió peligro de muerte’. A los militares los liberó de culpa, señalando que actuaron ‘en defensa de la democracia y del Estado de derecho’, y a los policías los acusó de insubordinación y de conducta antijurídica. El informe fue rechazado por todos los sectores sociales.

 Cómo se desató la crisis

El impuesto que encendió la mecha
El 9 de febrero de 2003, seis meses después de haber asumido el gobierno, Gonzalo Sánchez de Lozada lanzó su paquete económico que ocasionó un terremoto social y político en todo el país. El Presidente aplicó ajustes impositivos a los sectores asalariados del país y provocó la reacción de casi todos los rubros sociales. Anunció el pago del RC-IVA en efectivo y no en facturas. La medida era aplicable para todos los ciudadanos que ganaban más de Bs 880; era gradual hasta llegar al 12,5% en los niveles salariales superiores. Descartó aumentos salariales reales y únicamente hizo nivelaciones en relación a la inflación oficial registrada.

Motín policial, la primera reacción
Al día siguiente del anuncio del ‘impuestazo’, la COB decretó paro nacional. Hubo reacción de rechazo de profesionales, trabajadores, universidades públicas, policías, etc. El dirigente campesino, Felipe Quispe, y el cocalero, Evo Morales, anunciaron el comienzo de una batalla para revertir la medida.
Pero los policías se le adelantaron a los sectores sociales que tradicionalmente protestaban. Los uniformados se amotinaron en La Paz y declararon paro indefinido pidiendo la anulación del impuesto al salario y un incremento del 40% en sus sueldos.
A la rebelión policial se le sumaron casi todas las organizaciones sociales del país.

Enfrentamiento, policía con ffaa
El Gobierno instruyó que el Palacio de Gobierno sea resguardado por las FFAA, mientras que a menos de una cuadra, en dependencias policiales proseguía el motín policial. El día 12 comenzaron los enfrentamientos entre policías y militares. En esa jornada cayeron 16 personas muertas y más de 70 heridos. Se registraron saqueos e incendios de edificios del Estado y privados, ola de protestas en todo el país, etc. A las 16:20 de ése día, el Presidente emitió un mensaje al país, anunciando la anulación de su propuesta del impuesto a los salarios. Pero la confrontación continuó. A las 17:10 volvió a hablarle al país a través de la televisión, pidiendo que pararan los enfrentamientos.

Más de 150 personas fueron heridas
El día 12 se reportaron más de 70 personas heridas en la plaza Murillo, que fue el epicentro de la confrontación entre policías y militares. Los heridos fueron civiles, policías y militares. El enfrentamiento comenzó a media mañana, después de una marcha de protesta que protagonizaron los policías. Según informes oficiales, los primeros instigadores de la confrontación fueron los estudiantes del colegio Ayacucho, quienes comenzaron a lanzar piedras contra el Palacio de Gobierno. Las piedras que golpearon el edificio gubernamental estuvieron acompañadas de balazos, cuya procedencia se desconoce. Por la tarde, fueron saqueados varios edificios públicos y privados.

El ‘impuestazo’ se anuló con muertes
Entre el 12 y el 13 murieron 31 personas, según las investigaciones del Ministerio Público. El presidente Gonzalo Sánchez de Lozada anuló su proyecto impositivo sobre los salarios en la tarde del día 12, pero la decisión no frenó la revuelta. El 13 siguió la confrontación; se registraron hechos vandálicos en La Paz, El Alto y Santa Cruz, con saqueo de comercios y edificios. En esa jornada surgieron los pedidos de renuncia del Presidente y Vicepresidente, pero los líderes sociales no tuvieron respaldo ciudadano para llevar adelante la demanda. En ese segundo día es cuando cae herida la médica Carla Espinoza y en el mismo escenario mueren dos personas.