Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 12, Febrero de 2006
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La hora de Santa Cruz

Acaso la actual constituya la mejor coyuntura de mercado internacional para las exportaciones cruceñas. De las decisiones respecto a la licitación del hierro del Mutún depende el incremento de sus ingresos regionales. Éstos ascenderán en forma significativa si se encara el asunto con criterios de racionalidad, sensatez y oportunidad.
La racionalidad obliga a tomar en cuenta la por cierto crucial circunstancia de que en el mundo existen muchos países con yacimientos de hierro. Casi todos gozan de acceso competitivo a puertos marítimos de exportación. Así que si nos radicalizamos en todo cuanto concierne al marco normativo dentro del cual se debe ir a la licitación, corremos el riesgo de que los potenciales inversionistas desistan de sus planes y busquen mejores condiciones en otros lares. Si esto ocurre, el hierro cruceño podría correr la misma suerte que el litio potosino.
Pero la racionalidad también debe darse la mano con la sensatez. Esto significa lograr para el país ingresos mejores que los establecidos en la convocatoria a la respectiva licitación. Ésta, por cierto, es exageradamente generosa para el potencial adjudicatario. Conviene, en consecuencia, entrar rápidamente en negociaciones con las empresas interesadas de cara a un acuerdo que satisfaga a las partes. Al Estado, respecto a ingresos justos y a la empresa que gane la licitación, en cuanto hace a utilidades legítimas, asumiendo el hecho de que nadie invierte en ningún lado para perder, sino para ganar...
La actual coyuntura es igualmente favorable para los demás productos cruceños de exportación. Si sabemos hacer lo que se debe en el marco de los actuales proyectos de integración comercial a nivel bilateral, regional y continental, tendremos las puertas abiertas al mercado externo para nuestros productos agropecuarios. Si esto se consigue, la economía regional se verá fortalecida.
La oportunidad nos exige definir el asunto en el plazo más breve posible, pues vivimos tiempos que el mercado emplaza a andar a paso de galgo y no de tortuga...
Para todo lo anterior se vislumbra un acompañamiento institucional igualmente auspicioso como es el régimen autonómico. Siempre y cuando, naturalmente, el modelo garantice traspaso de funciones y atribuciones que le garanticen al gobierno regional capacidad real para impulsar su desarrollo, sin tener que depender de La Paz para ello.
Sí, ésta es la hora de Santa Cruz, pero de cara a riesgos que se deben señalar. El primero y más grave parte del propio Gobierno, que cada día hace más patente una vocación centralista de jaez indìgeno-populista, que en forma creciente le empuja a posiciones andino-centristas. Su objetivo final no es otro que alcanzar una hegemonía política sobre todo y sobre todos. Tal el móvil latente en su última propuesta sobre el modo de elección de los miembros de la Asamblea Constituyente y de los poderes ilimitados que quiere para ésta.


¡Piden afuera y cómo cuesta regalar aquí!
Dominicus

No se la crea si le dicen que solamente los collas son pedigüeños. Los cambas andamos por la misma senda y hasta peor. Todas las entidades compiten con diversos organismos para ver quién da, quién regala. En líneas generales, ésa es la forma de ser a la que nos hemos acostumbrado: a pedir y mendigar. Inclusive el país como tal tiene un horrible apodo entre los funcionarios de los organismos internacionales. Haciendo un juego de palabras, en lugar de decir Bolivia dicen ‘Beglivia’ con el verbo inglés ‘beg’ que significa suplicar, implorar, mendigar. Así es como tenemos a ‘Beglivia’ y a los ‘beglivians’ o bolivianos. Es triste, ya se sabe en los corrillos de los organismos que cada vez que pasa una delegación boliviana es para pedir algo. Ojalá estas cosas cambien en el futuro y recuperemos la dignidad nacional, ya casi perdida en el momento presente.
Si de los organismos a los que se ‘sablea’ volvemos aquí, la cosa cambia radicalmente, sobre todo cuando –sin ‘sablazo’ previo– una mano generosa quiere obsequiar al sector público. Ahí comienzan los problemas.
Tengo un primo médico, radicado en Europa, que realizó esfuerzos titánicos para poder donar unos equipos clínicos traídos desde Alemania. Sus odiseas son dignas de salir en el ‘Créase o no’ de Ripley. Como mi familiar es testarudo, al final se salió con la suya y pudo regalar, pero antes debió lidiar con burócratas que le pusieron infinidad de vallas y murallas. ¡Y todo por el ‘pecado’ de haber querido obsequiar!
En la actualidad conozco otro caso. Gente que me merece respeto ha ofrecido poner un espacio verde (actualmente es un monte) en condiciones y transformarlo en plaza, con una mínima condición: que dicha plaza lleve el nombre de un distinguido ex canciller argentino ya fallecido y que, además, fue muy amigo de Bolivia e invirtió en el país. Pues bien, la carta duerme plácidamente en el despacho de Percy Fernández; no ha merecido hasta ahora respuesta del jefe del Gobierno Municipal. Una verdadera calamidad, pero está visto que éste es el pan de todos los días cuando de donar se trata.
Vaya usted amigo lector a querer regalar. Le van a salir con mil ‘burreras’. Nuestra burocracia es galla para pedir a extraños, pero cuando los propios quieren donar algo, lo único que encuentran son obstáculos.