Fallas en la información
oficial
Falta orden, método y coordinación en la información gubernamental a la
opinión pública. Se hace ya recurrente que los miembros del Gobierno no
coincidan en sus juicios respecto a un mismo tema. Es lo que se pudo advertir en
el caso de la conspiración que se le atribuye a empresas petroleras contra la
estabilidad del actual régimen. La denuncia del jefe del Estado fue recibida con
beneficio de inventario por el ministro de Hidrocarburos, que destacó que en las
transnacionales advertía más bien un gesto de apertura a negociaciones
encaminadas a readecuar la relación contractual a los términos de la política
del Gobierno en materia de energéticos.
El citado es sólo uno de los muchos casos delatores de fallas más o menos graves
en la actual comunicación estatal con el pueblo a través de los medios. ¿Cuál es
la causa de esta deficiencia?
No se puede dejar de mencionar, en primer lugar, lo que en el MAS parece
acreditar una falta total de organicidad. Más que partido, es un movimiento
compuesto por sectores que no logran entenderse a nivel dirigencial. Cuanto
exigen y piden se adscribe a una línea de radicalidad a la que Evo Morales se
adhiere si se halla frente a ellos, micrófono en mano, pero que después suaviza
en forma extrema cuando vuelve a sentarse en la silla presidencial, desde la
cual hay que tener las pupilas clavadas en la racionalidad y la prudencia. Sobre
todo, en esa terca y dura realidad de país pobre y extremadamente dependiente
que debe saber medir sus pasos antes de emprender caminos riesgosos que le
puedan llevar al despeñadero.
Otro de los factores adversos para que haya coherencia en la información
gubernamental tiene que ver con la coordinación. Existe un portavoz oficial que
debe encargarse de la divulgación de los puntos de vista del Gobierno respecto a
cualquier tema, cada vez que ello sea necesario o la prensa expresamente se lo
pida. Se supone que esta es la única voz autorizada para hacer dicha tarea en
nombre del Jefe del Estado y su equipo ministerial, en los términos específicos
que se le señale. Pero, en la práctica, el portavoz oficial se ha convertido en
uno más de los que habla a nombre del régimen. Surgen así contradicciones que
perjudican a la imagen del Gobierno.
En cuanto al método, los contactos de los miembros del Gobierno con los
representantes de los medios de comunicación social son a cual más caóticos. Los
del Presidente de la República ocurren casi todos los días, a propósito de temas
de los cuales bien puede ocuparse el portavoz oficial, en la línea que el primer
mandatario y el gabinete le señalen. A veces, el jefe del Estado aborda temas en
forma totalmente inoportuna, creándose problemas, como en el caso de su denuncia
de conspiración contra las empresas petroleras. Asuntos así tienen que darse a
conocer sólo cuando la investigación ha concluido totalmente y se poseen pruebas
concluyentes.
Evo Morales incurre, a menudo, en una dualidad riesgosa para su imagen: ser
Presidente de la República y portavoz, al mismo tiempo. Informa sobre todo,
hasta sobre incrementos de salarios en el sector público, en cualquier lugar,
cuando debiera planificar cuidadosamente sus contactos con los periodistas,
tanto en forma como en contenidos.
Si no es corregida a tiempo, la falta de orden, método y coordinación en el
suministro de la información gubernamental es una falla que puede causar graves
daños a la imagen del Gobierno.
Breve relato de la vida real
Raspapinchete
Comienza a llover, como viene ocurriendo en Santa Cruz de la Sierra cualquier
día de éstos. Es pasado el mediodía y de un paisano joven, entre sonrisas e
insistentemente, me llega su oferta a la salida del trabajo: frutillas. ¿De
dónde?, le pregunto. “De Torrecillas, cerquita a Cochabamba”, responde y agrega
“llevate, casero”. Como la fruta le encanta a mi hijo menor, acepto de buen
agrado la propuesta. Dos cajas por Bs 15 que abono con un billete de 20 pesos y
recibo el vuelto en una moneda de cinco.
Sigue lloviendo de pertinaz manera. Llegando al cruce entre el segundo anillo de
circunvalación y la avenida Brasil, la luz roja del semáforo me detiene. Por
delante del vehículo, un niño de no más de diez años y todo empapado, comienza
su breve ‘espectáculo’ de malabarismo lanzando al aire y recogiendo un par de
verdes limones. Cuando termina su ‘presentación’ justo antes del cambio de luz
al verde, advierto que por efecto de la mojazón, su delgado cuerpo tiembla de
frío. Le entrego los cinco pesos y tras besar la moneda, mira al cielo gris y
hace la señal de la cruz.
Poco después, cambia la escena y otros son los protagonistas. Los noticieros de
la televisión reproducen los incidentes en las puertas de Migración. Mayúscula
la escandalosa pelotera en el lugar, lo mismo que había ocurrido el día anterior
cuando se puso en funciones a la autoridad de ese despacho, pese a la tenaz
oposición de los “buscapegas” de turno que parecen repetir la triste y escabrosa
historia de siempre. Aunque un viceministro y un concejal del municipio se
hubiesen empeñado en minimizar el incidente, no obstante que del sitio fueron
sacados a empellones sin que se respetara su investidura. ¿Que los ‘compañeros’
piden lo que por ‘derecho’ les corresponde? Que “peores cosas” se dieron en
administraciones anteriores? ¡Pamplinas! Lo de antes y lo de ahora representan
la misma porquería y es censurable a todas luces.
Hay maneras más dignas de trabajar, de procurarse una fuente de empleo, de
ganarse el pan de cada día. Como lo hace el joven paisano que vende frutillas de
Torrecillas. O como el niño malabarista lanzado como muchos más a la calle
porque, entre otros, los que siguiendo detestables prácticas buscan apoderarse y
medrar de la cosa pública a como dé lugar le niegan un mejor porvenir.