Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 11, Febrero de 2006
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Fallas en la información oficial

Falta orden, método y coordinación en la información gubernamental a la opinión pública. Se hace ya recurrente que los miembros del Gobierno no coincidan en sus juicios respecto a un mismo tema. Es lo que se pudo advertir en el caso de la conspiración que se le atribuye a empresas petroleras contra la estabilidad del actual régimen. La denuncia del jefe del Estado fue recibida con beneficio de inventario por el ministro de Hidrocarburos, que destacó que en las transnacionales advertía más bien un gesto de apertura a negociaciones encaminadas a readecuar la relación contractual a los términos de la política del Gobierno en materia de energéticos.
El citado es sólo uno de los muchos casos delatores de fallas más o menos graves en la actual comunicación estatal con el pueblo a través de los medios. ¿Cuál es la causa de esta deficiencia?
No se puede dejar de mencionar, en primer lugar, lo que en el MAS parece acreditar una falta total de organicidad. Más que partido, es un movimiento compuesto por sectores que no logran entenderse a nivel dirigencial. Cuanto exigen y piden se adscribe a una línea de radicalidad a la que Evo Morales se adhiere si se halla frente a ellos, micrófono en mano, pero que después suaviza en forma extrema cuando vuelve a sentarse en la silla presidencial, desde la cual hay que tener las pupilas clavadas en la racionalidad y la prudencia. Sobre todo, en esa terca y dura realidad de país pobre y extremadamente dependiente que debe saber medir sus pasos antes de emprender caminos riesgosos que le puedan llevar al despeñadero.
Otro de los factores adversos para que haya coherencia en la información gubernamental tiene que ver con la coordinación. Existe un portavoz oficial que debe encargarse de la divulgación de los puntos de vista del Gobierno respecto a cualquier tema, cada vez que ello sea necesario o la prensa expresamente se lo pida. Se supone que esta es la única voz autorizada para hacer dicha tarea en nombre del Jefe del Estado y su equipo ministerial, en los términos específicos que se le señale. Pero, en la práctica, el portavoz oficial se ha convertido en uno más de los que habla a nombre del régimen. Surgen así contradicciones que perjudican a la imagen del Gobierno.
En cuanto al método, los contactos de los miembros del Gobierno con los representantes de los medios de comunicación social son a cual más caóticos. Los del Presidente de la República ocurren casi todos los días, a propósito de temas de los cuales bien puede ocuparse el portavoz oficial, en la línea que el primer mandatario y el gabinete le señalen. A veces, el jefe del Estado aborda temas en forma totalmente inoportuna, creándose problemas, como en el caso de su denuncia de conspiración contra las empresas petroleras. Asuntos así tienen que darse a conocer sólo cuando la investigación ha concluido totalmente y se poseen pruebas concluyentes.
Evo Morales incurre, a menudo, en una dualidad riesgosa para su imagen: ser Presidente de la República y portavoz, al mismo tiempo. Informa sobre todo, hasta sobre incrementos de salarios en el sector público, en cualquier lugar, cuando debiera planificar cuidadosamente sus contactos con los periodistas, tanto en forma como en contenidos.
Si no es corregida a tiempo, la falta de orden, método y coordinación en el suministro de la información gubernamental es una falla que puede causar graves daños a la imagen del Gobierno.


Breve relato de la vida real
Raspapinchete

Comienza a llover, como viene ocurriendo en Santa Cruz de la Sierra cualquier día de éstos. Es pasado el mediodía y de un paisano joven, entre sonrisas e insistentemente, me llega su oferta a la salida del trabajo: frutillas. ¿De dónde?, le pregunto. “De Torrecillas, cerquita a Cochabamba”, responde y agrega “llevate, casero”. Como la fruta le encanta a mi hijo menor, acepto de buen agrado la propuesta. Dos cajas por Bs 15 que abono con un billete de 20 pesos y recibo el vuelto en una moneda de cinco.
Sigue lloviendo de pertinaz manera. Llegando al cruce entre el segundo anillo de circunvalación y la avenida Brasil, la luz roja del semáforo me detiene. Por delante del vehículo, un niño de no más de diez años y todo empapado, comienza su breve ‘espectáculo’ de malabarismo lanzando al aire y recogiendo un par de verdes limones. Cuando termina su ‘presentación’ justo antes del cambio de luz al verde, advierto que por efecto de la mojazón, su delgado cuerpo tiembla de frío. Le entrego los cinco pesos y tras besar la moneda, mira al cielo gris y hace la señal de la cruz.
Poco después, cambia la escena y otros son los protagonistas. Los noticieros de la televisión reproducen los incidentes en las puertas de Migración. Mayúscula la escandalosa pelotera en el lugar, lo mismo que había ocurrido el día anterior cuando se puso en funciones a la autoridad de ese despacho, pese a la tenaz oposición de los “buscapegas” de turno que parecen repetir la triste y escabrosa historia de siempre. Aunque un viceministro y un concejal del municipio se hubiesen empeñado en minimizar el incidente, no obstante que del sitio fueron sacados a empellones sin que se respetara su investidura. ¿Que los ‘compañeros’ piden lo que por ‘derecho’ les corresponde? Que “peores cosas” se dieron en administraciones anteriores? ¡Pamplinas! Lo de antes y lo de ahora representan la misma porquería y es censurable a todas luces.
Hay maneras más dignas de trabajar, de procurarse una fuente de empleo, de ganarse el pan de cada día. Como lo hace el joven paisano que vende frutillas de Torrecillas. O como el niño malabarista lanzado como muchos más a la calle porque, entre otros, los que siguiendo detestables prácticas buscan apoderarse y medrar de la cosa pública a como dé lugar le niegan un mejor porvenir.