Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 9, Febrero de 2006
STAFF CONTACTARSE
Portada
Santa Cruz
Seguridad
Nacional
Internacional
Economía
Deportes
Sociales
Escenas
Ediciones Anteriores
Editorial
Opinión
Lectores
Club de Lectores
Clima

 

 

 

 

NOTICIAS
 Santa Cruz Volver
Más de 400 familias están afectadas por riada en Cobija Inundaciones. El desborde del arroyo Bahía causó estragos en algunos barrios de la capital pandina que hoy recuerda su centenario de fundación. La gente solicita ayuda humanitaria del Gobierno
Imprimir
Texto normal
Texto medio
Texto grande
Drama. La gente que fue sorprendida por las aguas en la noche tuvo que escapar de sus viviendas que quedaron anegadas
Roberto Navia. Cobija

Como si un huracán hubiera pasado de la noche a la mañana, el barrio Petrolero de Cobija terminó desolado, con las paredes de sus casas amontonadas al ras del piso y las heladeras, cocinas, catres y roperos de sus habitantes tirados entre el barro. ¿Y la gente? Después de haber escapado para salvar sus vidas, durante la mañana de ayer retornaron a sus viviendas derrumbadas a tratar de recoger algo de sus pertenencias. Pero muy poco era lo que había.
El barrio es sólo una de las cerca de diez zonas de Cobija que han quedado bajo el agua. La lluvia que causó el desastre cayó durante 15 horas hasta el día lunes. “El diluvio empezó a las 3:30 y terminó poco más de las 18:00, en algunas zona de la ciudad”, cuenta con cara de asombro Renato Zurita, que ayer en la mañana aún no aceptaba que lo había perdido todo: su casa de madera, su motocicleta, su cama y todos los electrodomésticos que sacó a crédito cuando tenía trabajo fijo.
Lo de Renato es sólo una muestra del drama que se vive en Cobija. El oficial mayor de la Alcaldía de la capital pandina, Braulio Cadiz, dice de que solamente en la ciudad son más de 400 las familias afectadas con las inundaciones. En un recorrido por la zona urbana de Cobija, se constató de que por lo menos son diez los barrios que están literalmente bajo el agua, siendo Paraíso, Villa Montes, Mapajo, 27 de Mayo, Santa Clara y Petrolero los que presentan mayor número de damnificados.
“Cuando llegué a mi casa en la tarde, entré a mi dormitorio y mi cama estaba flotando. Por suerte llovió de día. Si el agua hubiese caído de noche se iba a producir una desgracia mayor”, cuenta Juan Carlos Viruez, que logró salvar a sus dos hijas pequeñas y a su esposa, a las que metió en un tanque de agua que utilizó como un bote improvisado. Es que la casa donde vivía Viruez quedaba a pocos metros del arroyo Bahía y para salir a la carretera tenía que subir una colina que hasta ayer exigía un gran esfuerzo físico para atravesarla.
Iber Moya también es parte del número de víctimas de la inundación. Al igual que Viruez, él ha quedado sin casa y lo único que han podido recuperar ha sido un catre que lo ha sacado del afluente con la ayuda de su amigo Guendirley Pobasto.
“Es que tanto nos ha costado comprar nuestras cositas que nos da rabia perderlo todo de la noche a la mañana”, dice Moya, que ayer al mediodía ya estaba más resignado. Después de todo, afirma, lo que importa es haber salvado la vida.
Rómulo Farfán, lo único que lamenta es que cuando la gente escapaba de la lluvia no había tiempo para ayudar al prójimo porque todo mundo trataba de salvar primero a su ser querido.
“Pero por suerte llegó la ayuda de la Policía, Prefectura y Alcaldía, que nos ayudaron a salir de las calles con agua”, cuenta María Mendoza, una de las primeras que fue socorrida porque los rescatistas se percataron de que estaba embarazada. Los damnificados piden al presidente, Evo Morales, que les ayude a salir de este momento.

Damnificados se refugian en los tinglados

Un tinglado sin paredes, en el barrio Petrolero, fue la última noche el refugio de más de 60 familias que el lunes se quedaron sin casa por culpa de la lluvia que hizo desbordar el arroyo Bahía.
Personeros de la Prefectura, de la Alcaldía, del Ejército y de la Policía ayer se movilizaron para llevar víveres, carpas y colchones a los damnificados. “Pero eso no es suficiente”, aclara Miguel Barba, que dice que las carpas no abastecen para todos y que los que se quedan a dormir en el tinglado sufren porque cuando llueve se mojan porque el lugar no tiene paredes.
El resto de los afectados con las inundaciones están cobijados en similares tinglados y canchas de bulbito que cuentan con techo.