Como si un huracán hubiera pasado de la noche a la mañana, el barrio
Petrolero de Cobija terminó desolado, con las paredes de sus casas amontonadas
al ras del piso y las heladeras, cocinas, catres y roperos de sus habitantes
tirados entre el barro. ¿Y la gente? Después de haber escapado para salvar sus
vidas, durante la mañana de ayer retornaron a sus viviendas derrumbadas a tratar
de recoger algo de sus pertenencias. Pero muy poco era lo que había.
El barrio es sólo una de las cerca de diez zonas de Cobija que han quedado bajo
el agua. La lluvia que causó el desastre cayó durante 15 horas hasta el día
lunes. “El diluvio empezó a las 3:30 y terminó poco más de las 18:00, en algunas
zona de la ciudad”, cuenta con cara de asombro Renato Zurita, que ayer en la
mañana aún no aceptaba que lo había perdido todo: su casa de madera, su
motocicleta, su cama y todos los electrodomésticos que sacó a crédito cuando
tenía trabajo fijo.
Lo de Renato es sólo una muestra del drama que se vive en Cobija. El oficial
mayor de la Alcaldía de la capital pandina, Braulio Cadiz, dice de que solamente
en la ciudad son más de 400 las familias afectadas con las inundaciones. En un
recorrido por la zona urbana de Cobija, se constató de que por lo menos son diez
los barrios que están literalmente bajo el agua, siendo Paraíso, Villa Montes,
Mapajo, 27 de Mayo, Santa Clara y Petrolero los que presentan mayor número de
damnificados.
“Cuando llegué a mi casa en la tarde, entré a mi dormitorio y mi cama estaba
flotando. Por suerte llovió de día. Si el agua hubiese caído de noche se iba a
producir una desgracia mayor”, cuenta Juan Carlos Viruez, que logró salvar a sus
dos hijas pequeñas y a su esposa, a las que metió en un tanque de agua que
utilizó como un bote improvisado. Es que la casa donde vivía Viruez quedaba a
pocos metros del arroyo Bahía y para salir a la carretera tenía que subir una
colina que hasta ayer exigía un gran esfuerzo físico para atravesarla.
Iber Moya también es parte del número de víctimas de la inundación. Al igual que
Viruez, él ha quedado sin casa y lo único que han podido recuperar ha sido un
catre que lo ha sacado del afluente con la ayuda de su amigo Guendirley Pobasto.
“Es que tanto nos ha costado comprar nuestras cositas que nos da rabia perderlo
todo de la noche a la mañana”, dice Moya, que ayer al mediodía ya estaba más
resignado. Después de todo, afirma, lo que importa es haber salvado la vida.
Rómulo Farfán, lo único que lamenta es que cuando la gente escapaba de la lluvia
no había tiempo para ayudar al prójimo porque todo mundo trataba de salvar
primero a su ser querido.
“Pero por suerte llegó la ayuda de la Policía, Prefectura y Alcaldía, que nos
ayudaron a salir de las calles con agua”, cuenta María Mendoza, una de las
primeras que fue socorrida porque los rescatistas se percataron de que estaba
embarazada. Los damnificados piden al presidente, Evo Morales, que les ayude a
salir de este momento.
Damnificados se refugian en los tinglados
Un tinglado sin paredes, en el barrio Petrolero, fue la última noche el
refugio de más de 60 familias que el lunes se quedaron sin casa por culpa de la
lluvia que hizo desbordar el arroyo Bahía.
Personeros de la Prefectura, de la Alcaldía, del Ejército y de la Policía ayer
se movilizaron para llevar víveres, carpas y colchones a los damnificados. “Pero
eso no es suficiente”, aclara Miguel Barba, que dice que las carpas no abastecen
para todos y que los que se quedan a dormir en el tinglado sufren porque cuando
llueve se mojan porque el lugar no tiene paredes.
El resto de los afectados con las inundaciones están cobijados en similares
tinglados y canchas de bulbito que cuentan con techo.