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¿Doblará la página?
De dirigente cocalero a Presidente de la
República. El voto popular, en términos de mayoría absoluta, determinó que Evo
Morales saltase de Chapare al histórico Palacio Quemado de La Paz, algo que
hasta hace meses no habían imaginado siquiera los partidos políticos
tradicionales. Y en pocos días más, las seis federaciones cocaleras de
Cochabamba elegirán a quien deba sucederle en el mando del tan comentado sector
gremial.
Se cierra así su ciclo de dirigente gremial y se le abre el de Presidente de la
República. De proyección histórica este último. Si a la conclusión de su mandato
la historia le honra con el bronce o le castiga con la rechifla, es algo que
dependerá de los resultados de su gestión presidencial.
Es su deber no desperdiciar sino aprovechar las excelentes oportunidades de la
actual coyuntura de mercado para los principales productos nacionales de
exportación. Si se logra esto, en los próximos cinco años, se incrementarán en
forma drástica los ingresos nacionales por concepto de producción y
comercialización de gas.
Hay una serie de productos agropecuarios, manufactureros y textiles que exige
mercado externo en el marco de la integración bilateral y multilateral. Se
incorpora a esta lista la minería tradicional del altiplano y la que puede
irrumpir en Santa Cruz con la industrialización del hierro de Mutún. Alcanzar
todo esto en un marco de paz social y normalidad política, signadas por el pleno
restablecimiento del principio de autoridad y la seguridad jurídica que exige
una inversión extranjera de la que no podemos prescindir, equivale a contar con
la base económica necesaria para que el cambio que actualmente se pregona sea
realmente tal y no mera cantaleta. Ese cambio tiene que hacerse patente en el
frente social, preferentemente. Acabar con la extrema pobreza y la exclusión
social, a fin de que los indígenas de las zonas rurales y de los barrios
populares de las ciudades de la troncal se incorporen en términos de equidad
social a la colectividad.
Evo devino en fenómeno mediático a nivel mundial a causa de su rotunda victoria
electoral, inédita, en los últimos tiempos, en América Latina, donde nadie se
impone ya en las urnas con mayoría absoluta, pero también a raíz de su
procedencia étnica. La prensa internacional asoció enseguida a una apertura de
cambios singulares en la historia de Bolivia, el hecho que de aquella forma un
‘indio’ aymara llegara a la Presidencia de la República. Pero para la gente
sensata y desprejuiciada de este país, que la hay, y en buena proporción, la
pertenencia étnica del actual Presidente es mero e intrascendente detalle, como
lo es también que uno sea blancoide, cholo o descendiente de gringos europeos.
Al cabo, en estos lares de Dios, todos descendemos de alguien que vino de otros
lados. Muchos, de las mesetas asiáticas, pasando el estrecho de Bering. Otros,
se dice, del Pacífico Sur. Y una minoría, pero que se impuso durante toda la
época colonial, en las naves hispánicas, tras las carabelas de Colón. La única
diferencia es que unos llegaron antes que otros. Así que entre nosotros no hay
‘originarios’, sino bolivianos que actualmente no tienen las mismas
oportunidades. Conste que en esta categoría se igualan indios, mestizos y
blancoides. Los primeros sufren las consecuencias de la exclusión y la extrema
pobreza, pero también a un buen porcentaje de los segundos castiga la falta de
ingresos y empleo. En consecuencia, hay que hacer que todos tengan las mismas
oportunidades de los demás bolivianos, para lo cual urgen políticas de Estado
que exigen dinero, mucho dinero...
El tránsito de dirigente cocalero a Presidente de la República obliga a Morales
a doblar la página y a gobernar en una proyección nacional. Bolivia somos todos,
más allá de una diversidad étnico-cultural y regional que no es patrimonio
exclusivo de Bolivia. Esa diversidad se la sobrelleva con espíritu de unidad
nacional en Canadá, España, Suiza y hasta en el propio Estados Unidos. Aquella
proyección obliga a Evo Morales a sobreponer los intereses nacionales y los de
toda la sociedad boliviana, a los meramente sectoriales, por mucho que éstos
partan de los movimientos sociales que se identifican con él, pero que no
vacilan en condicionarle su apoyo a la satisfacción de una variedad de demandas
a cual más radicales y, por lo mismo, imposibles de atender.
¿Doblará la página? ¿Se convertirá, realmente, en Presidente con pupilas
clavadas en el país y en todos los bolivianos? Acaso muy pronto los hechos nos
respondan de algún modo a estas preguntas...
Exponiendo la vida sin pensar en nada ni en
nadie
Marcelo Rivero
Seguramente en todas partes del mundo los seres
humanos, en sus diversas actividades, de algún modo están asumiendo riesgos por
los cuales ponen en peligro su integridad física, incluso la vida. En menor o
mayor medida en el hogar, en el taller, en la fábrica, o en la oficina, se
realizan tareas que de cierta manera implican un peligro. ¡Hasta bajar y subir
gradas o utilizar el ascensor suele ser aventurado, ni hablar del electricista
que agarra cables con corriente y del albañil que está sobre un andamio a 20
metros de altura!
Lo normal entonces es que cada quien tome sus providencias para no caer en
alguna fatalidad, sobre todo a la hora de salir a las calles, caminar por ellas
o recorrerlas en el vehículo que fuere... Santa Cruz de la Sierra, con sus vías
estrechas, cada vez más congestionadas -de gente y de motorizados-, sin un
servicio semafórico bueno, con escasa señalización, sin el número de policías
requerido y encima éstos medio ‘cucarros’ e influenciables, tendría que estar
entre las ciudades donde más precauciones debieran tomarse, más aún si sumamos
la ola delictiva que nos está envolviendo.
No sucede así y todos, o casi todos, salimos frescos y campantes y nos ponemos
en marcha sobre las calzadas, como amos y señores de la vía pública, sin
respetarnos como se respetan los buenos vecinos. ¡De ahí para adelante que Dios
nos proteja! parece ser el razonamiento en el que nos amparamos para retornar
con los huesos sanos y con la mollera en su sitio.
Nos olvidamos que el diablo anda suelto con su guadaña preparada para cobrar
víctimas, como la que desgraciadamente vi caer el sábado pasado en la
intersección del tercer anillo y avenida Cristo Redentor. Un pobre hombre en su
motocicleta cacharra, sin la bendita precaución, decidió continuar su viaje
cuando el semáforo le mostraba la luz amarilla indicándole que debía detenerse,
en el preciso instante en que el chofer de un micro también cacharro, más
imprudente aún y con esa mala costumbre de no mirar el semáforo del frente a la
espera de luz verde, sino el del costado a que dé luz amarilla, sumió el fierro
para cruzar. Resultado: el pobre de la moto tras ser arrollado terminó debajo
del micro y si no murió seguro que quedó muy grave, mientras algunas personas se
acercaban para auxiliarlo y otras corrían con gestos de aflicción.
Vaya a saberse cuántos percances similares ocurren a diario en Santa Cruz porque
somos imprudentes y no pensamos en las consecuencias y en la familia. Seguí mi
recorrido en el vueltero y un par de horas después debí recurrir a un ‘Adalat’
sublingual para moderar la presión que se me había subido. ¡Yo también había
sentido el impacto!
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