Álvaro García Linera escogió el momento propicio para dejarle tarea a los
cocaleros de las seis federaciones del trópico cochabambino. Bajo el sol
inclemente del sábado 28 de enero, el vicepresidente desveló sus cinco puntos
vitales para obtener la tan ansiada gobernabilidad. El primero es una tarea para
el núcleo del Movimiento al Socialismo: los sindicatos cocaleros. Ellos son los
encargados de mantener unido a los movimientos sociales y los llamado a integrar
a los que aún no están con el gobierno. El segundo es un reto que afrontan los
que ya están gobernando: demostrar que son más eficientes que la derecha, llegar
a ser el mejor gobierno de la historia de Bolivia, con señales rápidas de
cambio. El tercero es la alianza del movimiento indígena popular con la clase
intelectual que, según García Linera, le otorga solidez al proyecto masista. El
cuarto está en ejercicio y es la bancada conseguida el 18 de diciembre. Le da
gobernabilidad parlamentaria y mantendrá su legitimidad siempre y cuando
conserve sus nexos con la base que lo eligió. El quinto es el que aún queda por
construir y es la alianza con las Fuerzas Armadas y la Policía. El matemático y
sociólogo aseguró que no hay diferencia entre pueblo, FFAA y Policía. “El
Ejército y la Policía también son el pueblo, apellida como ustedes, vive como
ustedes es tan sufrido como ustedes”, les dijo.
Una semana después, tres analistas ven en el gobierno de Evo Morales y en las
palabras de García Linera, un intento sistemático de ejercer esa hegemonía que
les otorgó las urnas el 18 de diciembre. El comunicólogo Rafael Archondo explica
que estamos viviendo los efectos de la construcción de hegemonías en los
movimientos sociales. “Al haber votado así la población ha terminado con el
empate catastrófico de los últimos cinco años. Lo menos que puede hacer uno al
momento que desempata, es ejercer el poder o tomar decisiones que no sean
demasiado cuestionadas, que tengan cierto consenso y el MAS está trabajando en
eso. Creo que es algo legítimo siempre y cuando no se avasallen las minorías”,
dijo.
Para la politóloga Helena Argirakis, la gobernabilidad no es tan simple.
Considera que el MAS está agotando todas sus posibilidades para llegar holgado a
la Asamblea Constituyente, sin conflictos sociales en el horizonte. Pondera que
por primera vez en mucho tiempo, el Gobierno previene conflictos en lugar de
reaccionar a ellos.
El también politólogo Henry Oporto, observa en los puntos expuestos por García
Linera un proyecto de poder. Explica que es parte de un proceso que el MAS está
implementando, que es el paso del ejercicio del Gobierno al ejercicio del poder
total. Añade que al dominar Evo Morales el Ejecutivo y al haber la oposición
renunciado a la posibilidad de controlar al menos la Cámara de Senadores,
también controla el Legislativo. Con el paso a reserva de los generales, dominó
además las Fuerzas Armadas y la Policía, que son los instrumentos de represión
del Estado. “Es muy probable que el próximo paso sea buscar el control del Poder
Judicial. Desde ya esta medida de reducción de salarios va a tener un efecto.
Creo que existe el riesgo de que varios jueces de la Corte Suprema y del
Tribunal Constitucional opten por renunciar, porque tal vez esa reducción de
sueldo no la van a poder eludir. Con eso, el MAS tendría el control total sobre
los tres poderes. Es una estrategia futura de poder total que está
desarrollando, facilitado por la propia oposición”, señaló.
Tanto Oporto como Argirakis opinan que es posible que la conquista del último
poder, el Judicial, lo consigan a través de la Asamblea Constituyente.
En lo que los tres analistas discrepan es si Evo Morales caerá en la tentación
de pasar del poder total al totalitarismo. Para Oporto, el mayor peligro es que
se ha perdido el equilibrio del sistema político, en el cual se respeta la
independencia de los poderes. Sin embargo, advierte que no le será tan fácil
romper el posible equilibrio que provenga de los prefectos electos, que pueden
funcionar como una especie de dique de contención del poder del presente
gobierno. “Con la posesión de Rubén Costas en Santa Cruz y de Mario Cossío, en
Tarija, se ha iniciado de facto el proceso autonómico en Bolivia. Es una
dinámica difícil de controlar y revertir”, dijo.
Para Archondo, la garantía de que no habrá totalitarismo vendrá desde los mismos
movimientos sociales. “ No creo que exista un poder total, porque García Linera
está hablando de probarse en la gestión gubernamental. Significa que hay ojos
vigilantes que podrían considerar que no lo están haciendo bien. Es un ejercicio
de la hegemonía en el marco de la democracia”, señaló.
Un gabinete que da qué hablar
Indígenas, intelectuales, líderes sindicales, empresarios y excluidos forman
parte del primer gabinete de Evo Morales y éste se reúne con ellos más que
cualquier Presidente que se recuerde. Los cita a toda hora, sin importar si es
la madrugada o cerca de la medianoche y, a decir de Helena Argirakis, se nota
que trabajan como un equipo. A la politóga le llama la atención, sobre todo, la
actuación de Juan Ramón Quintana en el Ministerio de la Presidencia. Observa que
le ha restado protagonismo a las carteras de Gobierno y Relaciones Exteriores,
que llevaban la voz cantante hasta antes del 22 de enero y que ha conformado un
equipo de viceministros en los que ha dedicado un espacio a coordinación con el
movimiento indígena popular. “Más que un gabinete de contención social, veo uno
de gestión social”, dijo. Para Oporto, el MAS busca controlar a los movimientos
sociales incorporándolos al aparato estatal, pero eso no le asegura que
desaparezcan los conflictos. “Uno de los efectos muy fuertes es que está dando
una multiplicación de expectativas de los sectores organizados. Creen que el
gobierno podrá atender sus demandas y el incumplimiento de esas expectativas
podría generar una nueva ola de movilizaciones en el país. Éste es un riesgo
latente que no ha desaparecido, pero el Gobierno intenta manejar a un alto nivel
a los actores de los conflictos para que no pongan en riesgo la gobernabilidad”,
opinó.
Cinco
puntos más
Al gobierno le falta una alianza empresarial
Los analistas observan que el gobierno de Evo Morales Ayma no tiene una fuerte
alianza con los sectores privados del país, en especial con los de Santa Cruz,
que habían gravitado de forma creciente en los gabinetes de todos los
gobernantes. Pese a la visita del Presidente al comité Pro Santa Cruz, tampoco
observan que haya contenido a un probable adversario político, que puede unir
fuerzas con Tarija y provocarle más de un dolor de cabeza.
Las prefecturas pueden dar el equilibrio
Para Oporto, las prefecturas pueden quedar como un bastión, un valuarte del
equilibrio político, aunque, por sí solas, su poder será reducido. Sin embargo,
ante el retroceso de la oposición, considera que representan el mayor desafío al
control del poder estatal de parte del MAS y a la gobernabilidad que está
buscando. Para Helena Argirakis, el nuevo Prefecto cruceño puede construir un
proyecto político desde Santa Cruz, pero, en su opinión, las señas ofrecidas en
su posesión no fueron de lo más claras en ese camino.
Su presencia en el oriente aún no es contundente
Rafael Archondo observa que el gobierno del Movimiento al Socialismo debe buscar
una alianza prioritaria con las regiones de Bolivia. Considera que si bien los
movimientos sociales y los sindicatos han llegado al poder, sus relaciones con
el oriente y con sectores que habitualmente han dirigido a los comités cívicos,
no son fuertes. También considera que es necesario que busquen reforzar su
presencia y peso como fuerza política en los sectores urbanos de la llamada
media luna.
Debe administrar la ‘luna de miel’ con el pueblo
Tanto Archondo como Argirakis elogian la actitud del actual gobierno de
promover el control social sobre sus gobernantes, ya sea en el Ejecutivo o en el
legislativo. Aseguran que eso les permite estar cerca del pueblo, contacto que
adolecieron los gobiernos anteriores y que terminó por conflictuarlos. La forma
en la que Evo Morales administre dicha cercanía determinará la duración de la
llamada luna de miel y puede ampliar su hegemonía política en la elección de
asambleístas para la Constituyente.
La velocidad crucero dictada por la economía
Hasta que el proyecto económico del MAS no arranque y no demuestre que tiene
capacidad para redistribuir los recursos del Estado, experimentará turbulencia y
deberá dar golpes de timón para estabilizar la nave. Sin embargo, tiene cierta
ventaja por el ‘verano económico’ que goza el ámbito internacional. Argirakis
apunta, además, que las reformas del MAS tiene ciertas limitaciones legales y
que la Constituyente dará el escenario para que se derogue el 21060.
Santa Cruz marginada
Henry Oporto / Politólogo
Hay dos elementos que este proyecto de poder no está considerando. Esta
apuesta a la gobernabilidad configura un tipo de régimen político
corporativista, pero de ese esquema están ausentes dos sectores muy importantes
del país. Uno de ellos es el empresarial. No sé hasta qué punto Salvador Ric es
representativo. No creo que el empresariado cruceño se vea representado a través
de ese ministro. El otro sector que no está incluido dentro del Gobierno es el
movimiento cívico-regional. Particularmente la ausencia de Santa Cruz es notoria
y relevante, porque en los anteriores procesos había tenido una presencia
notoria y creciente, que iba en correspondencia a su poder político y económico
como región. Hoy día el esquema gubernamental prescinde de su participación y
con razón Santa Cruz puede sentirse marginada del poder.