Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 3, Febrero de 2006
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En vez de ‘meritocracia’

Lo aconsejable en materia de administración pública es ceñirse a parámetros de eficiencia. El funcionario público, particularmente aquel de alto nivel, debe cumplir requisitos de conocimientos y eficiencia para el cargo que ejerce. Idoneidad exige, además, remuneración condigna con la responsabilidad del trabajo a realizar. No en vano reconocidos expertos recomiendan firmes pilares de ‘meritocracia’ para la gestión pública. Consideran que a este espacio no debe ingresar cualquiera, sino gente capacitada, con suficientes méritos éticos y profesionales que garanticen un buen desempeño.
A fin de que lo anterior sea posible postulan la necesidad de acabar con el clientelismo político–partidario y las prácticas de nepotismo en las respectivas designaciones. Pero como esto no es suficiente, sugieren la institucionalización de la carrera administrativa, recomendando el respectivo marco normativo para la admisión a la misma. Quienes cumplieron con todos los parámetros deben gozar del principio de inmovilidad funcionaria. Solamente se los puede destituir por causas que establezca la ley, tras procesos administrativos o penales por fallas o delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones.
Hace algunos años, bajo fuerte presión de los órganos de la cooperación multilateral, Bolivia se vio forzada a institucionalizar la carrera administrativa, tomando en cuenta algunos de los parámetros anteriormente citados. El avance en este campo, sin embargo, no fue significativo. Los cargos públicos ‘institucionalizados’ no van más allá del 30% en todos los sectores de la administración estatal. Lo real es que más del 70% de los puestos públicos se hallan expuestos todavía a la repartija político-partidaria que sucede a cada cambio de mando. Casi siempre en medio de trifulcas de personas y grupos por quien accede primero al botín burocrático. Aún antes de que Evo Morales asumiese el mando presidencial, también en el MAS pudieron percibirse trajines de tal jaez.
La austeridad es otro de los temas que los expertos en administración pública consignan en sus recomendaciones, pero austeridad que no apunte a los salarios sino al tamaño de la burocracia. Postulan reducciones drásticas en caso de que ésta acuse hipertrofia que incida demasiado en el gasto público, que es lo que en un buen porcentaje ocurre en Bolivia. Tenemos una burocracia muy grande no sólo en el Ejecutivo, sino también en el Legislativo. En el Parlamento rige un sistema bicameral con excesivo número de parlamentarios que duplica y hasta triplica el costo de la fiscalización y legislación. Para colmo, ahora el MAS quiere una Constituyente con número excesivo de miembros...! La austeridad se afirma cuando se modernizan los sistemas de atención al público en todas las reparticiones del Estado, sobre bases informáticas con tecnología de punta. Los trámites se abrevian y las colas frente a las ventanillas, donde campea la corrupción, desaparecen o se reducen en forma drástica.
No dudamos de la buena intención del Presidente Morales con su política de austeridad exclusivamente referida a rebajas en los montos de los salarios del jefe del Estado, miembros de su gabinete, parlamentarios y altos funcionarios de los demás poderes públicos. De lo que dudamos es de la eficacia de tal medida, que nos parece totalmente incompleta y, en cierto modo, riesgosa para la eficiencia ulterior que debe caracterizar a los servidores del Estado. Sí, riesgosa, porque en vez de meritocracia tendremos la antonimia (‘anodinocracia’) en el aparato estatal, lo cual es grave, muy grave. Incompleta, porque no la acompañan decisiones en una real dirección de austeridad, como sería la que apunta a una adecuada reducción de la burocracia en todos los sectores de la administración pública, coetánea a la introducción de modernos sistemas de trabajo para la atención al público y la realización de trámites.


El poder y el intelecto
Oso Molino * ®® Sonría ‘Plis’

Ganar por el amplio margen que obtuvo Evo es, sin duda alguna, ponerse los pantalones para gobernar con autoridad. Los otros años no hubo gobierno con poder, ya que había socios que mordían tajadas, presionaban, exigían y por último, si no había mamadera para todos, se pasaban al otro bando y ahí se debilitaban las cosas.
Con Evo, perdón, con don Evo la cosa es diferente. Su mandato emana de las bases y, en democracia, manda la mayoría.
¡Hasta ahí bien tira’o! Lo que viene a continuación es la necesidad del intelecto, porque si el poder es la fuerza, se necesita que esa fuerza sea conducida no sólo muscularmente, sino mentalmente.
Un pesista sin cabeza podrá levantar muchos kilos en sus espaldas, pero difícilmente se va a levantar una negra macanuda en base a un piropo. El ejemplo es medio débil pero muy acorde a la época precarnavalera, ¿verdad?
Si ese mandato Evo, digo don Evo, lo complementa con gente de primerísimo nivel, gente que nunca se metió en el barullo de la politiquería, pero tiene las luces que necesitamos para salir del túnel oscuro del neoliberalismo, hay esperanza para rato.
No digo que los que no estén no lo hagan bien, pero creo que hay otra gente, además, que puede coadyuvar en hacer un nuevo país, que deje de ser una caricatura con una economía de alasitas. Tenemos que salvarnos entre todos y el pan volverá a nuestras mesas no porque los jerarcas se disminuyan sus sueldos o sus dietas, sino porque habrá necesidad de una estrategia que trazar con gente que seguramente se cotiza alto, y que si los sueldos son michis, en el Gobierno van a terminar en las multinacionales.
Es decir, vamos a tener que empezar a nacionalizar a nuestra propia gente, dándole su lugar, con el salario justo para gobernar en serio.
Mi suegra, que es tía lejana del Tuto, tiene su reparos en Evo, digo don Evo; sostiene que hay que hacer que la gente del país se iguale en oportunidades hacia arriba y no hacia abajo. No se trata de que los ricos sean ahora pobres, sino que los pobres tengan la oportunidad de ser ricos, sin necesidad de vaciar las arcas del Estado con jugosos sueldos, pero tampoco con monedas ridículas.
Cree ella y yo también, porque con ella estoy de acuerdo con todo para mantener la armonía del hogar, que no podemos perder la gran oportunidad de que el poder y el intelecto se unan por el país. Inclusive que las autoridades se mojen juntas las espaldas cuando se trata prioritariamente de Bolivia como Evo, digo don Evo, lo hizo con el flamante prefecto, don Rubén, con motivo de las inundaciones.
Otra cosa que personalmente quisiera que no cunda es el ejemplo de que varias personas vivan en una misma casa, porque a la moda de Evo, digo de don Evo, mi suegra y sus hermanas se han atrincherado en mi casa y yo duermo en la casa del perro, todo porque la ‘evomanía’ cunde en toda esfera social.

* Periodista que tiene alojada a toda la familia de su mujer que invadió su recinto al grito de: ¡Ahora somos más!