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En vez de ‘meritocracia’
Lo aconsejable en materia de administración pública es ceñirse a parámetros
de eficiencia. El funcionario público, particularmente aquel de alto nivel, debe
cumplir requisitos de conocimientos y eficiencia para el cargo que ejerce.
Idoneidad exige, además, remuneración condigna con la responsabilidad del
trabajo a realizar. No en vano reconocidos expertos recomiendan firmes pilares
de ‘meritocracia’ para la gestión pública. Consideran que a este espacio no debe
ingresar cualquiera, sino gente capacitada, con suficientes méritos éticos y
profesionales que garanticen un buen desempeño.
A fin de que lo anterior sea posible postulan la necesidad de acabar con el
clientelismo político–partidario y las prácticas de nepotismo en las respectivas
designaciones. Pero como esto no es suficiente, sugieren la institucionalización
de la carrera administrativa, recomendando el respectivo marco normativo para la
admisión a la misma. Quienes cumplieron con todos los parámetros deben gozar del
principio de inmovilidad funcionaria. Solamente se los puede destituir por
causas que establezca la ley, tras procesos administrativos o penales por fallas
o delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones.
Hace algunos años, bajo fuerte presión de los órganos de la cooperación
multilateral, Bolivia se vio forzada a institucionalizar la carrera
administrativa, tomando en cuenta algunos de los parámetros anteriormente
citados. El avance en este campo, sin embargo, no fue significativo. Los cargos
públicos ‘institucionalizados’ no van más allá del 30% en todos los sectores de
la administración estatal. Lo real es que más del 70% de los puestos públicos se
hallan expuestos todavía a la repartija político-partidaria que sucede a cada
cambio de mando. Casi siempre en medio de trifulcas de personas y grupos por
quien accede primero al botín burocrático. Aún antes de que Evo Morales asumiese
el mando presidencial, también en el MAS pudieron percibirse trajines de tal
jaez.
La austeridad es otro de los temas que los expertos en administración pública
consignan en sus recomendaciones, pero austeridad que no apunte a los salarios
sino al tamaño de la burocracia. Postulan reducciones drásticas en caso de que
ésta acuse hipertrofia que incida demasiado en el gasto público, que es lo que
en un buen porcentaje ocurre en Bolivia. Tenemos una burocracia muy grande no
sólo en el Ejecutivo, sino también en el Legislativo. En el Parlamento rige un
sistema bicameral con excesivo número de parlamentarios que duplica y hasta
triplica el costo de la fiscalización y legislación. Para colmo, ahora el MAS
quiere una Constituyente con número excesivo de miembros...! La austeridad se
afirma cuando se modernizan los sistemas de atención al público en todas las
reparticiones del Estado, sobre bases informáticas con tecnología de punta. Los
trámites se abrevian y las colas frente a las ventanillas, donde campea la
corrupción, desaparecen o se reducen en forma drástica.
No dudamos de la buena intención del Presidente Morales con su política de
austeridad exclusivamente referida a rebajas en los montos de los salarios del
jefe del Estado, miembros de su gabinete, parlamentarios y altos funcionarios de
los demás poderes públicos. De lo que dudamos es de la eficacia de tal medida,
que nos parece totalmente incompleta y, en cierto modo, riesgosa para la
eficiencia ulterior que debe caracterizar a los servidores del Estado. Sí,
riesgosa, porque en vez de meritocracia tendremos la antonimia (‘anodinocracia’)
en el aparato estatal, lo cual es grave, muy grave. Incompleta, porque no la
acompañan decisiones en una real dirección de austeridad, como sería la que
apunta a una adecuada reducción de la burocracia en todos los sectores de la
administración pública, coetánea a la introducción de modernos sistemas de
trabajo para la atención al público y la realización de trámites.
El poder y el intelecto
Oso Molino * ®® Sonría ‘Plis’
Ganar por el amplio margen que obtuvo Evo es, sin duda alguna, ponerse los
pantalones para gobernar con autoridad. Los otros años no hubo gobierno con
poder, ya que había socios que mordían tajadas, presionaban, exigían y por
último, si no había mamadera para todos, se pasaban al otro bando y ahí se
debilitaban las cosas.
Con Evo, perdón, con don Evo la cosa es diferente. Su mandato emana de las bases
y, en democracia, manda la mayoría.
¡Hasta ahí bien tira’o! Lo que viene a continuación es la necesidad del
intelecto, porque si el poder es la fuerza, se necesita que esa fuerza sea
conducida no sólo muscularmente, sino mentalmente.
Un pesista sin cabeza podrá levantar muchos kilos en sus espaldas, pero
difícilmente se va a levantar una negra macanuda en base a un piropo. El ejemplo
es medio débil pero muy acorde a la época precarnavalera, ¿verdad?
Si ese mandato Evo, digo don Evo, lo complementa con gente de primerísimo nivel,
gente que nunca se metió en el barullo de la politiquería, pero tiene las luces
que necesitamos para salir del túnel oscuro del neoliberalismo, hay esperanza
para rato.
No digo que los que no estén no lo hagan bien, pero creo que hay otra gente,
además, que puede coadyuvar en hacer un nuevo país, que deje de ser una
caricatura con una economía de alasitas. Tenemos que salvarnos entre todos y el
pan volverá a nuestras mesas no porque los jerarcas se disminuyan sus sueldos o
sus dietas, sino porque habrá necesidad de una estrategia que trazar con gente
que seguramente se cotiza alto, y que si los sueldos son michis, en el Gobierno
van a terminar en las multinacionales.
Es decir, vamos a tener que empezar a nacionalizar a nuestra propia gente,
dándole su lugar, con el salario justo para gobernar en serio.
Mi suegra, que es tía lejana del Tuto, tiene su reparos en Evo, digo don Evo;
sostiene que hay que hacer que la gente del país se iguale en oportunidades
hacia arriba y no hacia abajo. No se trata de que los ricos sean ahora pobres,
sino que los pobres tengan la oportunidad de ser ricos, sin necesidad de vaciar
las arcas del Estado con jugosos sueldos, pero tampoco con monedas ridículas.
Cree ella y yo también, porque con ella estoy de acuerdo con todo para mantener
la armonía del hogar, que no podemos perder la gran oportunidad de que el poder
y el intelecto se unan por el país. Inclusive que las autoridades se mojen
juntas las espaldas cuando se trata prioritariamente de Bolivia como Evo, digo
don Evo, lo hizo con el flamante prefecto, don Rubén, con motivo de las
inundaciones.
Otra cosa que personalmente quisiera que no cunda es el ejemplo de que varias
personas vivan en una misma casa, porque a la moda de Evo, digo de don Evo, mi
suegra y sus hermanas se han atrincherado en mi casa y yo duermo en la casa del
perro, todo porque la ‘evomanía’ cunde en toda esfera social.
* Periodista que tiene alojada a toda la familia de su mujer que invadió su
recinto al grito de: ¡Ahora somos más!
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