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[ Juan Carlos Montaño E. ]
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Oriente en la libertadores. La Copa, cada vez más amarga
Los siete goles que Oriente Petrolero debía anotar para revertir el 6-0 de
Buenos Aires y así dejar fuera de la Copa Libertadores a River Plate sólo
quedaron en un sueño. Los ‘millonarios’, que vinieron con tres titulares
(Carrizo, Gerlo y Gallardo), terminaron venciendo a los albiverdes (2-0),
echando por tierra sus deseos de lavarse la cara.
En el partido, jugado anoche en el estadio Tahuichi, River pareció hacerle un
favor a Oriente al eliminarlo, acabando de esta manera con su sufrimiento en la
Libertadores.
Para consuelo de Oriente, queda la mejora que se notó en el accionar del equipo
que gozó de varias oportunidades de gol y que Palavicini, Arce y Astudillo
desperdiciaron. En el medio sector destacó el trabajo de Uriona, que lució el
cintillo de capitán, y de Da Silva.
La visita impuso su ritmo de entrada, a sabiendas de que enfrente tenían a un
rival débil. Esto hizo que el pleito se liquide en el primer tiempo. A los 16
minutos, el colombiano Toja le ganó una pelota a Espínola, que jugó uno de sus
peores partidos desde que está en Oriente, para luego rematar al ángulo de
Galarza.
El 2-0 fue obra de un autogol de Vaca (m.24), que en el afán por despejar y ante
la presión de Figueroa, engañó a Galarza. En la jugada previa, Espínola se
confió y dejó pasar el balón.
El 2-0 fue suficiente para liquidar el pleito frente a un Oriente que se fue
quedando poco a poco, además que no tenía con qué hacerle frente a un River, que
de lejos demostró que está en otro nivel. El segundo tiempo pareció disputarse
sólo por cumplir.
Al final, el partido perdió interés porque la atención se centró en la curva
este, donde un grupo de hinchas millonarios comenzó una batalla campal. Además,
las interrupciones del encuentro, por los botellazos que cayeron en el campo,
enfriaron el enfrentamiento.
Oriente tuvo un triste adiós de la Copa Libertadores, demostrando sus falencias
a más no poder. Por su bien, el calvario acabó y al nuevo técnico, Víctor Hugo
Antelo, le queda un trabajo arduo para encauzar otra vez las cosas.