Es posible que si uno orinaba en secreto en las bolas
de nieve que tiraba a sus amigos o le daba carne a su hermana vegetariana no
lo contase nunca a nadie pero se muera por hacerlo.
Un artista
estadounidense, Frank Warren, ha ideado un método para dar salida a los
secretos mejor guardados. Se trata de escribirlos en una postal anónima y
enviárselos.
"Creo que realizando ese acto tan simple es posible
comprendernos mejor" y además librarse de "una carga pesada", explicó Warren a
la AFP desde su casa en Maryland (noreste).
El artista ha recibido unos
20.000 secretos desde que empezó su proyecto hace dos años. Tras seleccionar
los más interesantes, los muestra en una página Internet (www.postsecret.blogspot.com)
que ha recibido más de 20 millones de visitas desde su creación.
Por
ella han pasado "una gran variedad de secretos. Recibo diferentes tipos de
secretos cada día. Parece que los secretos son inagotables".
"Me meaba
en las bolas de nieve que lanzaba a mis amigos"; "estoy celoso de su bebé";
"cuando se duermen les corto mechones del pelo a los niños a los que cuido";
"le di ternera para cenar a mi hermana vegetariana"; "quiero retozar desnudo
con la bibliotecaria", son algunos de ellos.
Se trata de "historias de
aislamiento, de inquietud por algún ser querido, de sentimientos, experiencias
humillantes. Algunos son divertidos. Otros hablan de un buen gesto, algo bueno
que alguien hizo y nunca fue descubierto", explicó Warren.
Como el del
individuo que dijo "poner monedas en los parquímetros de otros". Los hay
picantes, como el de la mujer que confesó que una noche le gustó exhibirse
"desnuda ante la ventana cuando pasaban los trenes".
Laborales, como el del que se encuentra en una situación sin salida: "estoy en
un empleo que odio porque sé que no pasaría un test antidrogas en ningún otro
sitio. Y tomo drogas porque odio mi trabajo".
Familiares ("hace 10 años
que no hablo con mi padre y eso me está matando cada día") y de difícil
clasificación ("no me lavo las manos casi nunca después de ir al lavabo", "les
robo cosas pequeñas a mis amigos para tener recuerdos de cuanto los amo").
Y amorosos: "malgasté todos mis deseos (de cumpleaños) en ti"; "sabía antes de
casarme con él que acabaría divorciándome. Y me divorcié"; "lo odiaba por su
depresión. Quizás prefería ser feliz a estar enamorada".
Warren empezó
su proyecto en noviembre de 2004 para una exposición de arte en Washington.
Imprimió 3.000 postales con su dirección invitando a extraños a que
escribieran secretos, algo que fuera verdad y que no hubieran contado nunca a
nadie. Y las dio a la gente en el metro, las dejó en restaurantes, entre los
libros de bibliotecas públicas, en exposiciones.
"Poco a poco fueron
descubiertas, rellenadas y enviadas. Y desde entonces he estado recibiendo
confidencias", relató.
"Cada día es un placer ir a mi buzón y recibir
decenas de secretos de todo el mundo y leerlos. Algunos días recibo cerca de
cien. Incluso así, cuando llego al último me siento triste, siempre deseo que
hubiera más".
AFP