Centralismo, región y gobernabilidad
El principio de autoridad es algo que desde 1997
no rige en el país. Demás está recordar las causas para que así sea. No se ha
desvanecido todavía de la memoria del pueblo la penosa imagen de los gobiernos
que llegaban al poder sin capacidad alguna para hacer que las políticas de
Estado se definan en el Palacio Quemado de La Paz, no en las calles y caminos, a
través de la protesta social.
Hoy las cosas cambian. Tenemos un Gobierno que obtuvo más del 53% de la votación
en las elecciones del 18 de diciembre. Agrega a tan contundente legitimidad el
control total del Poder Legislativo. Y en el marco de la coordinación de
poderes, tendrá fácil acceso al Poder Judicial y al Ministerio Público, a fin de
influir para que en ambos frentes jurisdiccionales haya el respectivo
acompañamiento en tareas encaminadas a la aplicación de la ley, sin lo cual no
se concibe la justicia.
Sin embargo, la actual estructura organizativa del MAS puede contrarrestar tan
obvias ventajas. El partido de Evo Morales está compuesto por movimientos
sociales que apuntan a sus propios intereses. Los cocaleros, a la ‘cocaína
cero’. Los cooperativistas mineros a mayor número de concesiones en los
yacimientos de Comibol. Los maestros y la COB a un salario mínimo por encima de
los mil quinientos bolivianos mensuales. Las juntas vecinales de El Alto a la
municipalización de los servicios básicos (agua potable, energía eléctrica e
inclusive las telecomunicaciones) a nivel nacional. Los ‘sin tierra’ a lo que
denominan ‘grandes latifundios’ de la región cruceña. Y todos a la confiscación,
no nacionalización, en el asunto de los hidrocarburos. Y así por el estilo... En
todos los casos, con advertencias expresas o tácitas de que irán a las huelgas
con bloqueos de calles y caminos, en caso de que no se les haga caso.
La oposición parlamentaria no representa peligro alguno para el régimen de Evo
Morales. Ni Podemos ni Unidad Nacional ni el MNR tendrán un pie en el Parlamento
y otro en la calle, como antes lo tenían el MAS y el MIP. No harán bloqueos ni
promoverán huelgas. Además, perdieron ya sus conexiones con sectores sociales
sin los cuales no se pueden ejercitar tan criticadas modalidades de protesta
social. Sin duda que permanecerán a la espera de circunstancias propicias para
radicalizar la fiscalización a los actos del Gobierno y de oposición a las
iniciativas que no les parezcan adecuadas, pero nada más.
En realidad, respecto a gobernabilidad, los mayores riesgos para el Gobierno de
Evo Morales, radicarán en los propios sectores sociales arrimados al MAS. En
esos con los cuales este partido hizo una suerte de pacto de ‘toma y daca’:
votar por Evo a cambio de que en el Gobierno acceda a sus planteamientos
sectoriales.
Ojalá que nos equivoquemos y que el Presidente Morales y el MAS realmente
gobiernen para todos los bolivianos y no sólo para algunos cuantos sectores. Los
próximos 60 días serán pródigos en indicativos más o menos ciertos respecto a
tal posibilidad o a la contrapuesta a ella.
En todo caso, la novedad de que ahora contemos con prefectos elegidos por el
pueblo en las urnas, permite abrigar la esperanza de que los gobiernos
regionales harán que rija el principio de autoridad, aun cuando La Paz, ante
casos concretos, ordene lo contrario. Esto rige específicamente para Santa Cruz,
donde Rubén Costas llegó a la Prefectura con una votación próxima a la mayoría
absoluta. La lectura política de su victoria electoral es muy clara. Los
cruceños y no cruceños que votaron por él quieren una autoridad regional que no
sólo garantice transparencia y buenos resultados de gestión, sino también vivir
en la paz y el orden que requiere el desarrollo regional.
Y la gobernabilidad no se alcanza tirando a matar contra los que alteran el
orden público y violan los derechos de los demás, cometiendo delitos tipificados
por el Código Penal, sino haciendo lo que la ley manda a la autoridad ejecutar
para que el Ministerio Público, la Policía Judicial y los jueces cautelen,
primero, y luego lleven a juicio a los autores de dichos ilícitos.
La vida ajena vale cuatro reales
Marcelo Rivero
En días pasados un obrero de la construcción
quedó gravemente lesionado cuando trabajaba con un aparato que le había
entregado la empresa que lo contrató, un hecho frecuente porque no se toman en
cuentas las normas sobre seguridad laboral. El indicado sector constructor es el
que menos obedece esas normas que tienen por fin proteger a los obreros, de
donde muy a menudo vemos a éstos arriesgando el pellejo subidos en andamios
colocando ladrillos, cerchas y tejas, tendiendo y conectando líneas para la
electricidad, y en varios otros oficios peligrosos que deben realizar muchas
veces sin los elementos de protección, desde ropa apropiada hasta cascos y
botas, pasando por cadenas de seguridad y herramientas en óptimo funcionamiento.
En iguales o peores condiciones cumplen sus labores los encargados del aseo
urbano y ni hablar de esos pobres zafreros que por viviendas tienen unos
campamentos asquerosos, sin la mínima higiene, promiscuos además porque en ellos
viven hacinados con la prole, compartiendo con extraños hasta los momentos de
mayor privacidad.
Bajo tales circunstancias no es extraño que un obrero se electrocute cuando hace
la instalación eléctrica, que otro quede mutilado por una guillotina o una
sierra, que uno más sea aplastado por un camión debajo del cual se encontrada
haciendo reparaciones cuando el gato cedió, que varios quedaran sepultados en
una excavación que hacían para colocar los cimientos de una construcción, que
empleados del servicio de limpieza urbana contraigan enfermedades graves al
estar en contacto directo con desperdicios putrefactos sin la adecuada seguridad
que le daría un atuendo apropiado para tan delicada faena. No termina ahí el
calvario de estos humildes obreros, puesto que en las noches recogen basura de
las calles y tampoco tienen el traje y otros elementos que permitan a los
conductores de vehículos identificarlos desde cierta distancia para no
arrollarlos.
Producidas las desgracias por tanto incumplimiento de las normas, casi siempre
el arreglo es el mismo: el culpable, se hace cargo de los funerales y le mete
unos pesos en el bolsillo al familiar más cercano, o sea que con cinco mil pesos
la cuenta está saldada. No señor, la indemnización se debe centuplicar para que
aprendan a cumplir obligaciones y que no sólo valen sus vidas. Es más, las
autoridades pertinentes que permitieron que se produzcan las irregularidades y
posteriores desgracias quizá tienen la mitad de la culpa, entonces deben ser
sancionadas por omisión de deberes.
Con urgencia se debe tomar medidas para que no sigan muriendo o enfermando de
modo irreversible los trabajadores, que para desgracia mayor dejan en la
orfandad a mujer e hijos pequeños.