Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 12, Enero de 2006
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Castigo a "malos hijos" que no visiten a sus padres en Año Nuevo
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Una asociación de vecinos de Shanghai (este) ha decidido adoptar medidas punitivas contra los miembros de su comunidad que no visiten a sus padres durante las próximas festividades del año nuevo chino (desde el 29 de enero).

El Comité Vecinal de la Calle Nankín Este (parte de la avenida comercial más larga del mundo, y una de las arterias de la ciudad, en pleno centro), no es el único que se lo ha planteado, pero este año será el primero que tomará medidas contra los "malos hijos" que ni siquiera cumplen con este "deber" tradicional en esas fechas.

El Comité ha decidido que, cuando se detecte un caso, primero emitirá hasta dos advertencias verbales a los vecinos que no visiten a sus padres, y si reinciden en su desidia, a la tercera ocasión sus nombres serán publicados en el boletín del distrito, para humillarlos ante toda la comunidad.

"Con algunas advertencias basta", dijo al diario "Shanghai Daily" el portavoz del Centro de Investigación de la Tercera Edad municipal, Sun Pengbiao, "pero publicar una lista con los nombres me parece demasiado".

"Durante el Festival de la Primavera (el Año Nuevo Chino) y las fiestas importantes, por lo menos hay que visitar a los padres una vez, incluso en una ciudad grande como esta", explicó a EFE una joven estudiante, que se identificó como Zoe Zhuang.

"Lo de ser malos hijos es relativo", añadió, "ya que si ganan mucho dinero, los padres estarán satisfechos, y pensarán que si no les visitan es porque están ocupados con su trabajo, y lo pueden explicar ante sus vecinos", aunque para los hijos pobres las visitas son indispensables, el cariño no es creíble sin compartir el tiempo.

En la cultura china, el concepto de "cara" ("mian zi", el honor, o la imagen que se tiene ante los demás) es de una importancia absoluta y constante en todas las relaciones sociales, hasta las más insignificantes, y perder esa buena apariencia es una de las cosas más graves que le pueden ocurrir a una persona china.

Por otra parte, la decisión de la comunidad de vecinos se produce en una sociedad habituada a utilizar la humillación como un arma de castigo, una costumbre que se practica desde hace décadas en todos los centros educativos, con los malos estudiantes, o incluso en algunas empresas, con los trabajadores menos productivos.
"Es normal" que los vecinos más mayores se enfaden con los que ignoran a sus padres en unas fechas así, asegura a EFE una empresaria de la vecina provincia de Zhejiang, Zhou Shilei, que justifica la medida señalando la soledad de los padres, a quienes los hijos naturalmente deben satisfacer, porque "es la tradición".

La obediencia filial, el respeto y la atención a los mayores están fuertemente arraigados en la cultura china, aunque la vida moderna de las grandes ciudades está debilitando estos valores tradicionales, ya que con frecuencia los hijos viven más lejos que en generaciones anteriores, y disponen de menos tiempo libre.

Además, en una China cuyas grandes ciudades se han transformado radicalmente en pocas décadas, la distancia generacional es todavía mayor entre unos padres acostumbrados a que sus deseos se acaten sin réplica y unos hijos a los que cada vez les cuesta más soportar su manera de pensar y sus exigencias.

Por otra parte, incluso en vastas metrópolis como Shanghai, en la sociedad china también es habitual cierta vigilancia entre los vecinos, que en tiempos de la Revolución Cultural (1966-1976) llegaba a ser peligrosa ante la posibilidad de ser denunciado.

En aquellos años, si un día una familia tenía la posibilidad de comer algo de carne, debía hacerlo con las contraventanas cerradas para no correr el riesgo de que alguien les acusase de burgueses, según explicó a EFE una ama de casa de Shanghai.

En el asilo de Pingliang, en otro distrito de la ciudad, los hijos tendrán que pagar 50 yuanes extra (5 euros, 5,2 dólares) si no visitan a sus padres los fines de semana.

Para el portavoz Sun, probablemente habrá quienes prefieran pagar los 50 yuanes, "el respeto por los padres no puede ser forzado", concluyó.

 

EFE