Una asociación de vecinos de Shanghai (este) ha decidido adoptar medidas
punitivas contra los miembros de su comunidad que no visiten a sus padres
durante las próximas festividades del año nuevo chino (desde el 29 de
enero).
El Comité Vecinal de la Calle Nankín Este (parte de la avenida
comercial más larga del mundo, y una de las arterias de la ciudad, en pleno
centro), no es el único que se lo ha planteado, pero este año será el primero
que tomará medidas contra los "malos hijos" que ni siquiera cumplen con este
"deber" tradicional en esas fechas.
El Comité ha decidido que, cuando se
detecte un caso, primero emitirá hasta dos advertencias verbales a los vecinos
que no visiten a sus padres, y si reinciden en su desidia, a la tercera
ocasión sus nombres serán publicados en el boletín del distrito, para
humillarlos ante toda la comunidad.
"Con algunas advertencias basta", dijo
al diario "Shanghai Daily" el portavoz del Centro de Investigación de la
Tercera Edad municipal, Sun Pengbiao, "pero publicar una lista con los nombres
me parece demasiado".
"Durante el Festival de la Primavera (el Año Nuevo
Chino) y las fiestas importantes, por lo menos hay que visitar a los padres
una vez, incluso en una ciudad grande como esta", explicó a EFE una joven
estudiante, que se identificó como Zoe Zhuang.
"Lo de ser malos hijos es
relativo", añadió, "ya que si ganan mucho dinero, los padres estarán
satisfechos, y pensarán que si no les visitan es porque están ocupados con su
trabajo, y lo pueden explicar ante sus vecinos", aunque para los hijos pobres
las visitas son indispensables, el cariño no es creíble sin compartir el
tiempo.
En la cultura china, el concepto de "cara" ("mian zi", el honor, o
la imagen que se tiene ante los demás) es de una importancia absoluta y
constante en todas las relaciones sociales, hasta las más insignificantes, y
perder esa buena apariencia es una de las cosas más graves que le pueden
ocurrir a una persona china.
Por otra parte, la decisión de la comunidad de
vecinos se produce en una sociedad habituada a utilizar la humillación como un
arma de castigo, una costumbre que se practica desde hace décadas en todos los
centros educativos, con los malos estudiantes, o incluso en algunas empresas,
con los trabajadores menos productivos.
"Es normal" que los vecinos más mayores se enfaden con los que ignoran a sus
padres en unas fechas así, asegura a EFE una empresaria de la vecina provincia
de Zhejiang, Zhou Shilei, que justifica la medida señalando la soledad de los
padres, a quienes los hijos naturalmente deben satisfacer, porque "es la
tradición".
La obediencia filial, el respeto y la atención a los mayores
están fuertemente arraigados en la cultura china, aunque la vida moderna de
las grandes ciudades está debilitando estos valores tradicionales, ya que con
frecuencia los hijos viven más lejos que en generaciones anteriores, y
disponen de menos tiempo libre.
Además, en una China cuyas grandes ciudades
se han transformado radicalmente en pocas décadas, la distancia generacional
es todavía mayor entre unos padres acostumbrados a que sus deseos se acaten
sin réplica y unos hijos a los que cada vez les cuesta más soportar su manera
de pensar y sus exigencias.
Por otra parte, incluso en vastas metrópolis
como Shanghai, en la sociedad china también es habitual cierta vigilancia
entre los vecinos, que en tiempos de la Revolución Cultural (1966-1976)
llegaba a ser peligrosa ante la posibilidad de ser denunciado.
En aquellos
años, si un día una familia tenía la posibilidad de comer algo de carne, debía
hacerlo con las contraventanas cerradas para no correr el riesgo de que
alguien les acusase de burgueses, según explicó a EFE una ama de casa de
Shanghai.
En el asilo de Pingliang, en otro distrito de la ciudad, los hijos
tendrán que pagar 50 yuanes extra (5 euros, 5,2 dólares) si no visitan a sus
padres los fines de semana.
Para el portavoz Sun, probablemente habrá
quienes prefieran pagar los 50 yuanes, "el respeto por los padres no puede ser
forzado", concluyó.
EFE